Mi historia pandémica (I): 2020

El pasado 20 de abril de 2022 se promulgó el Real Decreo que eliminaba la obligatoriedad de las mascarillas en interiores. Dado que nunca he hablado de la pandemia de forma directa, esta efeméride me parece un buen momento para tratar el tema.

En esta primera entrada hablaré de mi situación personal durante el año 2020. Los años posteriores vendrán en sucesivas entradas.

Mi sobrino

Comienzo este resumen yendo a enero para decir que es cuando nació mi sobrino. Sin duda, la mayor alegría del año.

Lástima que llegara la pandemia de COVID-19 y solo pude disfrutar de él por videollamada durante sus primeros meses de vida.

Carnaval de Cádiz

Aún me sorprendo de que la primera ola no fuera más común en Cádiz, teniendo en cuenta que la semana antes estábamos todavía en la calle para disfrutar del carnaval.

Tengo asociado esto a una de las entrevistas que hicimos en el Radio Al compás dedicado al romancero. Txapela nos contó que vio a una persona con mascarilla y pensó que era un colgao. Luego vino lo que vino y ese hombre le pareció un visionario.

Los supermercados

Yo fui a comprar el día antes del comienzo del cierre porque me tocaba. Así de poco previsor soy que ni siquiera era una excusa: apenas tenía de nada. Y poco pude encontrar.

Era impresionante ver vacío el Mercadona, ver tanta gente llevándose provisiones como si hubiera una guerra cuando desde el principio se dijo que no iba a faltar nada.

Lo del papel higiénico fue un caso de histeria social digna de estudio. Algo incomprensible. Recuerdo especialmente un episodio cuando fui a una pequeña tienda de barrio. Vino una señora muy apurada y el diálogo con el dependiente fue más o menos así:

—¿Tienes papel higiénico?
—Todo el que quieras.
—Ay, menos mal, me estaba viendo ya limpiándome con el dedo.

Mi trauma

Tengo mi pequeño trauma personal con el confinamiento. Recuerdo que hubo muchísimos artículos que recomendaban películas, series, libros y cualquier tipo de entretenimiento porque, obviamente, estaba media España en ERTE.

Pero yo soy profesor de Secundaria. Yo tenía que pringar. Y no tenía tiempo para nada. Recuerdo que, cuando veía un artículo titulado (pongamos) «Películas para ver durante el confinamiento» yo, desesperado, pensaba: «¡¿Pero con qué tiempo!?»

Evidentemente, tenía tiempo. Pero era tal el estrés de recibir tantísimos trabajos, tener que corregirlos y organizar el trabajo de mis alumnos que apenas tenía la cabeza para seguir una historia medianamente compleja.

El final de una etapa

El confinamiento sirvió como epílogo para una relación de cuatro años. Daba alguna pincelada de ello en una entrada llamada Es extraño.

Fui yo quien cortó la relación. Es un paso que debía dar, pero eso no quiere decir que fuera fácil tomar la decisión ni aceptar la soledad. De hecho, me arrepiento de ciertas actitudes por mi parte antes de terminar.

El verano de 2020 fue una «convalecencia». Tenía que preparar el traslado a otra localidad por trabajo, y hubo ciertos momentos duros por otros temas. Buena parte de este verano estuvo marcado por Hollow Knight: me levantaba, jugaba y me acostaba. Obviamente, entre medias comía. Estuve bastante tiempo así.

Cambio de localidad

El cambio de localidad fue algo traumático. Tan lejos de casa, sin posibilidad de moverme con mis propios medios, en un instituto nuevo, con dos niveles en semipresencialidad… Fue todo un reto y supuso una carga de trabajo alucinante.

Cerrando

Las mayores alegrías fueron, sin duda, el nacimiento de mi sobrino y el haber retomado el pódcast de carnaval.

El aspecto profesional del año os lo contaba en Un resumen profesional de 2020, y en ¿2021? Pues vale me centraba en el apartado personal y online.

2020 fue un año muy estresante y agotador, tanto a nivel profesional como personal. 2020 fue también el año del encierro, del aplauso a los sanitarios, de las mascarillas, el gel hidroalcohólico y la distancia de seguridad. Fue, en defnitiva, un año duro y triste.

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