En una entrada anterior dije que, para la mayoría de mis casos, escribir en digital con un teclado es lo que me parece más productivo, así que en esta me enrollo muchísimo sobre este tema.
El teclado
Ya que en la entrada anterior hablé de instrumentos de escritura a mano, me detengo un momento para hacer lo propio para el texto digital.
El teclado me da igual.
De los que recuerdo, que no son todos, he tenido un teclado Genius con conector PS/2 que me encantaba, uno Logitech barato, el de Apple, un MX Keys (estos tres aún aguantan) y ahora mismo escribo con un Perixx PERIBOARD-409, un teclado bastante barato que compré solo porque es pequeño.
Sin duda, el mejor teclado que he tenido es el MX Keys. Pero me pasa lo mismo que con las sensaciones al escribir en papel. Cuando me pongo a escribir, y salvo que note molestias tras un uso continuado (que es lo que me pasó con el de Apple, aunque ahora mismo dudo de si fueron reales o no), me olvido del teclado que estoy usando. Tan solo me interesa que aparezca una letra cuando golpeo una tecla.
De los teclados mecánicos hablé en El submundo de los teclados, y del cambio de periféricos (también del ratón) en Mis periféricos actuales.
Mi historia con lenguajes de marcado
Mi primer acercamiento al concepto de «lenguajes de marcado» fue en 2011. La entrada donde lo contaba está en mi antiguo blog. Allí cuento que fue Atareao, en una entrada sobre ReText, quien me animó a usar Markdown.
Este es el lenguaje que he usado desde entonces, con una excepción. Durante una época manejé mis notas personales con Zim, la wiki de escritorio. El programa parece aún activo y tiene su último lanzamiento en marzo de 2025.
Recuerdo que en su día dejé de usarlo porque, aunque los archivos eran texto plano y se almacenaban por carpetas, no había ninguna aplicación móvil compatible con su sintaxis y para mí era una pequeña molestia. Hoy en día está Markor, pero no por entonces.
Acabé usando Markdown para todo porque, según parece, al Adrián de aquel entonces le era imprescindible tener colorinchis en sus archivos. En fin.
En aquella entrada de mi blog menciono Textile, txt2tags y reStructuredText que, vistos ahora, me parecen mejor definidos que Markdown.
Por el motivo que sea, Markdown se hizo muy popular y aparecieron un montón de aplicaciones compatibles. De hecho, si pongo el nombre de todos estos en la tienda de software de mi sistema GNU/Linux solo aparecen aplicaciones para reStructuredText (entre ellos, el ReText ya mencionado) y un montón para Markdown.
Hoy en día los «sabores» de Markdown más populares son el de GitHub y CommonMark, pero cómo se entiende el lenguaje depende de cada aplicación.
Como yo lo quería usar para documentos académicos, pronto usé MultiMarkdown, que ya por entonces añadía características que no tenía el Markdown de base y que se ha actualizado varias veces.
En este blog publiqué una serie de entradas sobre programas de escritura en la que hablé en profundidad de mi uso de Markdown y también mencionaba Fountain, un lenguaje de marcado pensado para guiones. Nunca lo usé, pero dan ganas de escribir un guion solo para ver la sintaxis resaltada.
No me había parado a pensar hasta hace poco que todos estos se llaman lenguajes de marcado ligeros y que el BBCode que usaba en foros allá por los dosmiles también es uno de ellos.
Sigo con el Markdown más básico
Aunque Markdown sea un lenguaje peor definido que otros, está en todas partes y a mí me vale con lo que ofrece. Tiene los elementos necesarios para mis notas diarias de puro texto o para escribir las entradas de este blog. También lo uso para notas del trabajo no tan ancladas a una fecha, o como primer acercamiento a ejercicios o exámenes.
Actualmente no uso ninguna extensión como MultiMarkdown porque no necesito nada más allá del formato más básico soportado por cualquier programa.
Mi uso más habitual es escribir y ya está, leyendo directamente la poca sintaxis Markdown que uso. Cuando escribo para el blog saco la vista previa para copiar el HTML formateado en el editor de WordPress.
LaTeX nunca fue para mí
Tengo una entrada en este blog llamada Mi reencuentro con LaTeX, de 2015, y otra llamada El placer de un documento bien maquetado, de 2017, en la que digo que ya no usaba LaTeX. Mi mente había bloqueado el recuerdo de que he escrito que ya no lo uso, así que lo dejo por aquí de nuevo.
Hace años que no toco LaTeX. Por lo que parece, al menos nueve.
Para mis necesidades tan básicas de la actualidad, me parece matar moscas a cañonazos. La sensación de «programar» un documento, el espacio en disco que ocupa, la dificultad de llevarlo a otro equipo, el poco control del formato directo cuando lo necesito… Son muchas las pegas cotidianas que le encuentro como para haberlo tenido en cuenta después de ese último intento.
Conozco LyX, que hace mucho más sencilla la curva de aprendizaje, pero no es una solución para mí.
LibreOffice es mi mejor aliado
En mi antiguo blog tengo una entrada de septiembre de 2010 sobre Domando al escritor, el libro que en el que Ricardo Gabriel Berlasso enseña a usar de verdad el procesador de texto. La última edición data de 2024 y se puede encontrar toda la información en una página dedicada en su blog El pingüino tolkiano. Imprescindible.
Puedo decir que este libro es el causante de que cualquier otra herramienta de escritura, como LaTeX o variaciones de Markdown más complejas, jamás me hayan satisfecho del todo. Con LibreOffice Writer tengo todo lo que necesito.
Con ese libro aprendí la diferencia entre formato directo y los estilos. Con ese libro aprendí algo sobre diseño editorial y tipografía. Con ese libro aprendí de verdad a usar un procesador de textos, y cuando estuve usando Word eché de menos características propias de Writer.
Quizá los documentos no queden tan estéticos como con un sistema de tipografía especializado, pero quedan lo bastante bien para mi gusto, y muy por encima de los documentos que veo a mi alrededor. Con eso me es más que suficiente.
Cuando Markdown se me queda corto, voy directamente a LibreOffice Writer y maqueto el documento allí, haciendo uso de los estilos siempre que sea posible para reaprovechar documentos anteriores.
Dado que mi escritura personal va directamente en Markdown, el procesador de texto queda para el trabajo: exámenes, hojas de ejercicios o apuntes en los que necesito un control muy directo del formato. Necesito ver qué se va a imprimir, no solo para controlar qué verá el alumnado sino también para ahorrar papel en la medida de lo posible.
Durante una época hice tablas en formato Markdown pero también hace tiempo que las dejé. Si tengo que hacer una tabla, LibreOffice y alegría. Una tabla en Markdown, a poco que se complica, me supone un dolor. No hay necesidad.
Y aunque he tenido acercamientos a usos de Markdown para presentaciones, actualmente las hago todas con LibreOffice Impress. Aunque Keynote tiene mejor usabilidad y plantillas más estéticas, Impress es suficiente. Me es más cómodo manejar mis diapositivas de manera visual y tener control directo sobre el formato si lo necesito. Es más fácil para manejar el texto e insertar imágenes. Decidí que no haría más experimentos de presentaciones en formato texto plano, me supone un dolor. No hay necesidad.
También hago cierto uso de LibreOffice Calc. Por lo visto no llega al nivel de Excel, y Numbers tiene mejor interfaz de usuario. Quizá si tuviera ciertas opciones usaría un ODS en lugar de iDoceo como cuaderno de profesor, pero aún no ha llegado ese momento. Por ahora, para las cuatro fórmulas que hago, me sirve.
Lo único malo es que las aplicaciones compatibles con ODT en iPad son OnlyOffice, que no respeta del todo el formato que sale de LibreOffice, o Collabora Office, que básicamente es la versión online embutida en una app y no va del todo fina. En este sentido, Microsoft Office es bastante mejor porque la aplicación es casi idéntica a la de escritorio. Pero como mi uso de la tableta también es bastante limitado, normalmente hago el documento en el ordenador principal y me manejo directamente con archivos PDF.
En fin
Nunca es mal momento para recomendar el libro Domando al escritor ni para recopilar qué uso para escribir mis cosas. De nuevo, seguro que volveré en algún momento a este tema cuando haya cualquier mínimo cambio.
La siguiente entrada de esta serie discontinua será la recomendación de dos sistemas de marcado, que fue de donde nació toda esta perorata.
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