Google Classroom es una herramienta deficiente

En el instituto en el que trabajo este curso se usa la suite de Google para la organización interna. Todos los profesores y los alumnos disponemos de una dirección de correo con dominio propio para los asuntos del instituto. La versatilidad y las ventajas son muchas en el lado del profesorado. De cara al alumnado se trabaja con Google Classroom… y ahí es donde tengo mis reticencias.

Pros y contras

Veo a muchísimos docentes encantados con esta plataforma, y lo cierto es que tiene sus ventajas. Yo le veo dos: se integra con aplicaciones tipo iDoceo y se comunica muy bien con el resto de herramientas de Google, incluyendo Meet. Indudablemente es un sistema de videollamada con una calidad mucho mayor que el BlackBoard Collaborate que ofrecía la Junta de Andalucía hasta el curso pasado.

Esta segunda es algo de perogrullo: si no se integrara bien con el resto de herramientas de la suite, apaga y vámonos.

Sin embargo, Google Classroom tiene una inmerecida fama de sencillez que solo viene motivada por su aplicación móvil (los alumnos están enganchados a las notificaciones) y porque en realidad es una herramienta muy limitada. Es muy diferente que una herramienta sea sencilla a que sea limitada, y esta resulta sencilla por sus limitaciones.

De Google Classroom hay varias cosas que no me gustan:

  • Google Forms no ofrece una forma sencilla de responder al alumno. Tengo que buscar la dirección de correo, ir a Gmail y responder.
  • Tampoco ofrece una opción directa para respnoder en las tareas. Tengo que seleccionar al alumno y dar al botón de mandar un correo.
  • Notifica a los alumnos cada vez que toco algo. He desactivado las notificaciones en el Tablón, pero si modifico algo en la parte del Trabajo de clase, también les notifica. Eso me parece un error de diseño muy grave, porque quizá no quiero que ellos lo vean de inmediato. Me tengo que preocupar en programarlo.
  • Y lo que más me choca: tarda en cargar. Un producto de Google que tarda en cargar. Evidentemente, en mi conexión de casa va bien. Pero la conexión de los centros escolares no tienen la velocidad de la fibra de mi casa, precisamente.

Nótese que saco estas conclusiones después de un mes de uso. No soy precisamente un experto, así que, si consideras que he metido la pata, no dudes en señalarlo. Tampoco pretendo ser un experto (¿se puede ser un experto en una herramienta con cuatro opciones de configuración?).

En defensa de Moodle

A mí me parece mucho más útil y versátil Moodle. El curso pasado trabajé con el MoodleCentros que ofrece la Junta de Andalucía, y lo prefiero mil veces a esto tan limitado.

Es bien cierto que la aplicación móvil de Moodle es una porquería, pero si se enseña a los alumnos a usar el correo electrónico y la versión web, las ventajas son las mismas.

Otra crítica a Moodle es que resulta más cutre, más feo y más enrevesado. Sin embargo, esa mayor complejidad viene motivada precisamente porque Moodle sí es una herramienta más completa, que ofrece muchísimas opciones de configuración y de organización. ¿Se podría mejorar la interfaz para hacerla más agradable, más acorde a los tiempos? Puede. ¿Justifica eso la mala fama que tiene? Desde luego que no.

Otra razón para la apuesta por Google fue la cuestión de la infraestructura. MoodleCentros dio muchos problemas durante el confinamiento porque vino de sopetón una sobrecarga tremenda a los servidores. Es cierto que Google tiene un brazo mucho más fuerte en cuanto a infraestructura, pero el curso pasado MoodleCentros no dio ningún tipo de problema.

Lástima que mi centro este curso no lo haya solicitado, pero ya pelearé para que la situación cambie en cursos siguiente… si tengo la opción y si la Junta sigue ofreciéndolo, claro, porque yo veo que el acuerdo con Google y Microsoft va en un camino muy claro: dejar de ofrecer herramientas propias. Ahorro en infraestructuras, ahorro en educación.

Metiéndome en el barro

Hasta ahora ni siquiera he entrado en asuntos de privacidad ni me he puesto a reflexionar sobre cómo le estamos abriendo las puertos de la educación pública a empresas privadas extranjeras. Pero no puedo terminar esta entrada sin hacer una breve mención a la estrategia que está detrás de este movimiento por parte de la tecnológica.

Mi opinión es bien simple: los datos de los alumnos no deberían salir de los servidores de la Junta. Es cierto que hay un acuerdo y unas promesas, pero no me fío nada de lo que tenga que decir Google a este respecto.

Además, si Google y Microsoft ofrecen acuerdos con educación es para que los alumnos se acostumbren a usar sus productos y luego paguen por ellos (o, en el caso de Google, ya tienen sus datos para crear perfiles comerciales). Es como el regalo de licencias que se criticaba en décadas pasadas, pero más a lo grande.

Otro argumento que he leído más de una vez es que los alumnos ya usan Google en su día a día. Y este argumento tiene un punto débil muy evidente: separación de ámbitos. Que los alumnos usen Android y ya tengan una cuenta Gogole es algo que les afecta a ellos y, como menores, a sus padres. A lo mejor un alumno no tiene Google porque en su casa usan Apple o, peor aún, damos con una familia preocupada por el software libre que no quiere que su retoño tenga cuentas en las grandes tecnológicas. Pues nada, ahí están los colegios para meterle la cuenta Google con calzador.

Que hayamos normalizado esto me parece totalmente esperpéntico.

Tres aclaraciones

Como estamos en la época de la piel fina y de las puntualizaciones, aquí dejo tres de ellas.

Nadie me pone una pistola en la cabeza para usar Google Classroom, por más que el centro tenga toda su comunicación interna con la suite. Sin embargo, si todos los alumnos van a usar el correo de Google y las herramientas de Google con el resto del profesorado, resulta incongruente ser yo el único que me niegue. Yo podría usar el correo electrónico de la Junta (el que no es de Google), pero si los alumnos van a contactar conmigo a través de Google, estamos en las mismas.

Uso Classroom como mero repositorio de recursos y para la entrega de tareas en formato digital. Sin embargo, me niego en redondo a colocar una mera calificación en el sistema. Gogole podrá mirar las tareas, pero me niego a compartir con ellos mi valoración sobre esas tareas.

Por último y más importante, mi crítica va hacia la empresa y la situación, no hacia los institutos y los docentes que lo usan. Si los docentes ya manejan Google y la administración ofrece la suite de Google, es lógico que los docentes lo usen. El problema está en que la administración siquiera ofrezca la suite de Google como opción oficial.

Conclusiones

Nunca me ha gustado que las empresas tengan tanto peso en la educación pública, empezando por las editoriales. Sin embargo, el convivir con las editoriales es algo que ya está asentado. El uso de herramientas tecnológicas con los alumnos es relativamente nuevo y todavía podemos elevar la voz para cambiar la situación.

No defiendo que el software libre sea la panacea. De hecho, como dice Jordi Martí, el software libre también tiene su coste a la hora de implementarlo. Pero, desde luego, me parece mucho más acertada invertir en infraestructuras con software libre que confiar en las promesas de una gran tecnológica extranjera con problemas de privacidad y con un entorno virtual de aprendizaje deficiente.

PD: Iba a titular esta entrada «Google Classroom es una puta mierda», pero he preferido guardar algo de decoro por mi posición como profesor. Quiero dejar claro, no obstante, que este título me parece mucho más acertado que el elegido finalmente.


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