El declive de los feeds RSS llega a los podcasts

Aún recuerdo la web entre 2004 y 2010. Aparecía por todos lados el concepto de Web 2.0, Twitter daba sus primeros pasos como un sitio donde compartir enlaces e información con muy buen rollo, aparecían blogs con la promesa de democratizar la creación de contenidos, también YouTube para hacer lo propio respecto al vídeo. Y todo esto tenía un compañero inseparable: los feeds RSS. 

Los feeds RSS nos permitían seguir todos esos nuevos sitios web que nos fascinaban para no perdernos nada de los que allí se publicaba. Había feeds RSS en todos lados: en los incipientes podcasts, en las redes sociales y, por supuesto, en los blogs. 

Pero todo eso cambió cuando la centralización de la web atacó. 

Twitter quitó los feeds RSS de sus perfiles. Facebook, con el tiempo, también. Los navegadores dejaron de mostrar el botón que indicaba si un sitio web tenía RSS. Salieron aplicaciones sin RSS cuando perfectamente podían contemplarlo, como Flipboard. Incluso los blogs recortaban las ajetreadas en el feed RSS ante el miedo a ser copiados, o directamente se abrían sitios web sin RSS. 

Sin embargo, hasta hace muy poco había un bastión que se resistía a esta centralización. Los podcast era un mundo de web abierta en el que uno podía decidir qué aplicación elegir para escuchar sus podcast favoritos, sin necesidad de estar atados a una aplicación en concreto. 

Entonces fue cuando aparecieron los Originals y los Exclusive

Ante la promesa de poder controlar mejor las estadísticas o monetizar el trabajo realizado, plataformas como Ivoox o Spotify empezaron a ofrecer podcasts que solo se podían escuchar a través de su aplicación. Aún recuerdo el revuelo que se montó cuando Ivoox anunció sus Originals.

En Spotify hicieron una apuesta muy fuerte por el podcasting que le está saliendo francamente bien. Empezaron comprando Anchor y redes de podcast, luego tiraron de chequera para tener podcasts de renombre solo en su plataforma, y también tienen podcast exclusivos en España. Incluso van a aprovechar que son una plataforma de música para permitir podcast con canciones enteras.  

El mundo funciona así, y los usuarios podemos hacer poco al respecto. Los creadores quieren monetizar sus contenidos, las empresas dan opciones, los creadores aceptan. Es algo que hemos visto en el vídeo (YouTubers que se pasan a Twitch), en las plataformas de streaming de vídeo (series originales de tal o cual plataforma). Era inevitable que llegara a los podcast, que también atraen mucho público. 

Como el viejales que parece que soy por tener presente todo eso, echo de menos ese inicio inocente de la Web 2.0 en el que todo el mundo tenía ganas de compartir. Aunque aún queda gente así, mucha lo hace en una red social donde el contenido no sale de sus paredes.

Pensaba que los podcast resistirían el envite centralizador de la web, pero no ha sido así. Ahora estamos obligados a usar una aplicación si queremos acceder a un contenido que antes podíamos disfrutar en la aplicación que nos diera la gana.

Quizá todo esto tiene que ver con un nuevo-no-tan-nuevo carácter de la web en el que todo el mundo quiere sacar provecho de su trabajo en redes, ya sea en forma de megustas y seguidores por puro ego o para atraer empresas, con sistemas de mecenazgo o con cursos, libros y servicios supuestamente profesionales. La descentralización parece incompatible con la monetización, al menos tal y como se entienden hoy ambos conceptos.

Resiste, web abierta. Algunos aún creemos en ti.


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