Alma de gordo

Aunque he perdido mucho peso y considero que estoy mucho más sano, lo que llamo «alma de gordo» no se va. Ese ansia por comer malsano persiste.

Los avisos previos

«Estar gordo» no significa «no estar sano», y cada cuerpo es como es. Si alguna expresión puede leerse como gordófoba, no es mi intención ni herir a nadie ni juzgar ningún cuerpo salvo el mío.

«Alma de gordo» es quizá una expresión poco afortunada, pero es el nombre que recibe en mi cabeza lo que voy a contar.

No leas esta entrada si tienes cualquier problemas o una mala relación con la comida. Ni yo soy profesional de la salud ni cuidaré demasiado mi lenguaje en este texto.

Los kilos se van

Llevo años en un intento por mejorar mi relación con la comida. El mismo concepto de «dieta» es problemático puesto que mucha gente lo entiende como un periodo acotado de mucho sacrificio destinado únicamente a perder peso, cuando realmente se refiere a lo que comemos de normal, como hábito.

Desde 2022, a base de ejercicio y de controlar un mínimo la dieta, he bajado como veinte kilos. Menos picoteo, más comida sana, ejercicio constante. Pero da igual.

El alma de gordo se queda

Tengo que hacer un esfuerzo constante por no comer mal de continuo.

El capitalismo nos ha fastidiado el paladar. Ojalá fuera un meme culpar al capitalismo de todos los males, pero en este caso (como en la mayoría, por otro lado) no lo es. La bollería, los ultraprocesados y la comida chatarra, alimentos hiperpalatables, nos han acostumbrado a unos sabores y una manera de comer que resulta totalmente malsana. Por dinero.

Estoy radicalmente en contra de la visión de que uno adelgaza con fuerza de voluntad. Hay muchos factores externos que inciden en nuestra relación con la comida. Una persona que trabaja fuera o que no tiene tiempo para cocinar come diferente a alguien que sí dispone de ese tiempo y la motivación para hacerlo.

Una vez acostumbrados a esos alimentos hiperpalatables, cuando hay algún tipo de estrés o ansiedad son estos lo que apetece comer. Por cultura. Esas ganas, ese ansia por comer una pizza, un kebab, una hamburguesa grasienta, un dulce bien dulce no se van de un día para otro.

Es el síndrome de abstinencia de quienes fuimos gordos.

Y es muy difícil convencerse de que hay alternativas mejores y más saludables, porque mira ese rico paquete de patatas, que crujientes.

La relación con la comida

Tengo un problema con masticar. En épocas de estrés me relaja masticar algo crujiente. Y una zanahoria no sirve igual que una galleta.

Por supuesto, una relación sana con la comida incluye también esos alimentos, de lo contrario comer se convierte en un castigo y eso trae consecuencias. Negar esta educación, esta cultura, solo provoca malestar e incluso aislamiento.

¿Qué hago, dejo de quedar con amigos en un entorno en el que se sale para comer? ¿Me pido una ensaladita mixta mientras los demás se zampan una hamburguesa?

En las épocas de estrés como más. Más cantidad en casa y más veces fuera. Las vacaciones son vacaciones. Cuando quedo con amigos es para comer. Y no siempre uno tiene la disposición necesaria para controlarse. Otro reto más: que esa comida puntual no se convierta en norma, que la puerta no vuelva a abrirse.

En conclusión

Nótese que ni siquiera he hablado de veganismo. Pobres veganos, lo que sufren en ciertos entornos sociales.

Ojalá vivir en un entorno en el que comer bien (pero comer bien de verdad: fruta, mucha verdura y platos equilibrados) fuera la norma. Pero no es el caso. La norma es la comida malsana. Y por más que esté concienciado, el alma de gordo empuja en más ocasiones de las que me gustaría.

Lo más gracioso es que en Europa nos podemos llamar dichosos por la regulación alimenticia que hay.

Lo más gracioso es que, aunque haya perdido veinte kilos, aún habrá quien diga que todavía estoy gordo.

Mi único consuelo es que ese gordo no tome demasiado el control, y espero controlarlo un poquito más conforme pasa el tiempo. Sin prisa, sin latigazos, de manera lenta pero constante. El objetivo es no encontrarme con diez kilos más después de las vacaciones o de una época de estrés. Las épocas de estrés llegarán, el ansia por comer llegará, y el alma de gordo empujará de nuevo.

Categorías:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *