Resistencia al cambio

Vengo de la calle de hacer un par de recados y me siento en el ordenador para escribir esto directamente, a vuelapluma.

No sé si será fruto de la madurez, de la adultez (acabo de cumplir trentitré) o de las circunstancias, pero me he dado cuenta de que cada vez soy más resistente a ciertos cambios en mi día a día. Es un pensamiento que me ha venido a la mente a la vuelta de estos recados por un simple detalle que dejo el último de este escrito.

Empiezo con un ámbito muy poco importante: el ordenador. Me compré el iMac desde el que escribo en 2017. Estamos en 2022 y aún no he hecho ni una reinstalación limpia, práctica que sé que es recomendable. De hecho, ni un triste formateo le he hecho al equipo. Esto es chocante cuanto menos si recordamos mi pasado como usuario de GNU/Linux: diez años usando el sistema del pingüino y reinstalando distribuciones por pura diversión.

A esto le puedo encontrar una explicación sencilla: desde que estoy trabajando mi tiempo es más limitado y quiero tener mi herramienta de trabajo principal siempre operativa. Sin embargo, este es un pensamiento tramposo puesto que en mis tiempos de GNU/Linux hacía una reinstalación, guardaba si quería el directorio /home y lo tenía todo listo en poco tiempo. No sé si la excusa del tiempo se aplica del todo, porque ni en verano me he puesto a reinstalar macOS.

El segundo ejemplo lo encuentro en el mismo CMS desde el que escribo. WordPress ha introducido el editor de bloques Gutemberg, la gran novedad de la versión 6.0 es la capacidad de editar el sitio web por completo usando bloques, y mi único pensamiento ha sido que me devuelvan el sistema al que estoy acostumbrado, que no tengo ni tiempo ni ganas de aprender a manejar Gutemberg. Por eso me vi instalando ClassicPress.

Esto también tiene una doble vertiente. Por una parte, si existe ClassicPress es porque no soy, ni mucho menos, el único usuario a disgusto con la deriva de WordPress. Pero por otro lado también está esta resistencia al cambio: ¿de verdad está mal, o es mi parte «quemedehe» la que me lleva a un sistema que resucita el WordPress que yo uso desde hace diez años?

Paso a un ámbito algo más personal, de la VidaReal™. Ya he contado por aquí que, por mis problemas de vista, estoy obligado a ser peatón y las implicaciones que esto tiene. Me he acostumbrado tantísimo a ir andando a todas partes que cuando estoy subido en algún vehículo que requiere cierto equilibrio me invade una inseguridad tremenda.

Tres ejemplos. Hace unos años monté a caballo. No me recuerdo más tenso ni mucho tiempo antes ni mucho tiempo después. Era incapaz de relajarme a lomos del animal por más que supiera que no pasaba nada.

La misma sensación volvió cuando toqué un patinete eléctrico. La necesidad de mantener el equilibrio, la imposibilidad de frenar a tiempo, la velocidad que alcanza el cacharro… Hace poco tiempo volví a subirme en uno y el resultado fue que me cargué un chaquetón de doscientos euros, y menos mal que lo llevaba puesto porque me hubiera hecho mucho daño con la caída que pegué.

El penúltimo ejemplo que puedo poner con esto del equilibrio es justo de hoy. He hecho dos trayectos en la parte de atrás de una moto. Entre tener la cabeza atrapada en un casco y tener que aguantar mínimamente el equilibrio he vuelto a notar esa rigidez, la misma tensión. A la persona que me ha llevado le he dicho que casi prefiero caminar los quince minutos antes de tardar tres en moto y pasarlo tan mal.

Y el último ejemplo ha sido hace escasos minutos antes de sentarme a escribir esto y tiene que ver con las llaves. Me han dado una especie de «collar» para colocar las llaves, al estilo de la tira donde se ponen las identificaciones en los eventos. «Está muy bien porque si metes la mano en el bolsillo y notas la tira ya sabes que las llaves están ahí». «Qué tontería» fue mi primera reacción, porque yo siempre llevo las llaves a mano y es raro que se me despisten. Sin embargo, como tengo resistencia al cambio pero no tanta, lo he usado tan solo el día de hoy y ya me ha encantado el invento. Efectivamente, es muy práctico notarlo, tirar y sacar las llaves.

Esta es la tontería que he pensado cuando volvía de hacer un recado. Que tengo trentitré pero en este aspecto parece que tenga muchos más, por aquello de que cuanto más mayor es uno más duro de mollera se vuelve. No soy así en todos los aspectos de mi vida, evidentemente, pero darme cuenta y pensar en todo esto a partir de la tontería de las llaves me ha servido para pensar que quizá debería dejar un poco de lado esos pensamientos «resistentes» y dejarme llevar un poco más. No sé en qué aspectos, pero tener este pensamiento de «aperturismo» algo más presente.

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Una respuesta

  1. Dos91

    Ese pensamiento de aperturismo siempre es bueno, uno nunca sabe en qué podría desembocar, como es el caso del collar.

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