Recuento del 16, ¡y feliz 17!

Este año no he hecho entrada para felicitaros la navidad, así que aprovecho para desearos felices fiestas antes de nada. Espero que hayáis tenido una feliz Navidad, feliz Solsticio o como lo queráis llamar.

Hoy no acaba el año pero ya le queda poquito, así que, como han hecho multitud de sitios, voy a hacer mi particular recuento del año. Voy a hablaros de mi vida personal, mi vida profesional (este año por primera vez hablo de esto de un modo más extenso) y mi vida en línea, que amplío a «vida frente a la pantalla».

Puedo adelantaros antes que nada que 2016 ha sido uno de los mejores años de los que recuerdo, al menos recientemente. Dicho esto, comencemos.

Adiós, 2016

Vida personal

Como ya os conté, mi vida ha sufrido muchos cambios últimamente. Desde que empecé como profesor de Secundaria me independicé (aunque sigo teniendo mucha ayuda de la mama) y ya he cambiado de localidad dos veces, el curso pasado y este. He encontrado nuevos amigos y he reencontrado viejos. Ha sido un año en el que he pisado más la calle que en muchísimos otros: he conocido la localidad donde trabajé el año pasado y estoy en proceso de conocer la de este, he viajado a Madrid y a Londres… en definitiva, he disfrutado de la vida mucho más que en años anteriores. Y no es que en años anteriores no hubiera disfrutado, es simplemente que las circunstancias han sido diferentes y las de este me han llenado más.

El mayor cambio que ha habido en mi vida, el que dije que me reservaba para más adelante, es que ahora tengo una compañera de viaje. A pesar del poco tiempo que llevamos tengo la certeza, más allá del tirón inicial, de que es la persona adecuada. Una persona que me hace disfrutar de la vida como nunca antes nadie había conseguido, que me empuja a moverme. Y lo dejo aquí porque puedo empezar y no parar con pasteladas de enamorado, con el agravante de ser mi primera pareja, que prefiero guardar para ella.

Vida profesional

El hecho de tener pareja ha supuesto toda una motivación para mí en este ámbito. Siempre pienso que peco de quejica cuando digo esto, pero es lo que siento. A pesar de haber logrado el trabajo de mis sueños, ¿para qué iba a trabajar? ¿Para volver a casa y preparar las clases e ir al instituto y volver a casa y preparar las clases? Me faltaba una razón. El trabajo en sí y el hecho de haberme independizado no eran suficientes. Sin embargo, el tener alguien a mi lado, alguien por quien trabajar duro para aprovechar el tiempo, fue el empujón que me hacía falta.

Ahora trabajo mucho más eficientemente. Aunque no he vuelto a mi cota de productividad de cuando estudiaba, me gestiono mejor el tiempo porque sé que tengo que hacer ciertas tareas si quiero pasar con ella el fin de semana. El hecho de tener una motivación extra fuera del aula ha hecho que valore más cuando estoy dentro.

Sin embargo y a pesar de todo esto, siento que no disfruto del todo de mi trabajo. Aparte de la burocracia y tantísimos otros problemas que tiene la profesión docente, las cuales basta con buscar un poco para encontrarlas, se da el hecho de que sigo siendo novato.

Este año, con un centro nuevo, me he encontrado con grupos que me han requerido un esfuerzo grande de readaptación en muchos sentidos, además de hacerme yo mis propios apuntes. Es trabajo adelantado y son experiencias, sí, pero sigo haciendo prácticamente lo mismo desde que empecé, con una metodología tradicional con ciertos toques para salirme, y este curso no tengo perspectivas de poder hacer mucho más.

Sin embargo, el hecho de haber aceptado que haré lo que pueda lo mejor que pueda hacen que esté más a gusto con mi trabajo. Los profesores somos la trinchera de la educación, tenemos que estar en guardia y tirar adelante con lo que tenemos, y hasta que yo no tenga buen dominio sobre mi temario, mis apuntes y mi batería de ejercicios no voy a poder disfrutar como pienso de mi profesión. De acuerdo: lo acepto y lo afronto lo mejor que pueda, esperando que el curso en el que pueda hacer algo más lo que tengo en mente esté cerca.

Vida frente a la pantalla

Este año ha sido el año de soltar lastre. Una pequeña polémica al final del año pasado fue la gota que colmó un vaso que estaba ya lleno. Todo lo que había vivido y experimentado me llevaron a escribir una entrada bastante destructiva contra la cierto sector de la comunidad del software libre.

En relación con esto y sumado al cabreo constante que había observado en las redes sociales, a mitad de año decidí abandonarlas por completo. De hecho, ni siquiera en publicado en la única cuenta que aún sobrevive. Pensé que el síndrome de abstinencia iba a ser mayor pero no: internet da demasiadas posibilidades para perder el tiempo y mi vida personal y profesional me aportan demasiado como para echar de menos las redes sociales.

Delante del ordenador ha sido un año de relajación de hábitos y de establecimiento de otros. Ya no paso tantas horas perdiendo el tiempo y los servicios que me permiten acceder fácilmente a la cultura (cine y series, música y libros) me han permitido un disfrute diferente, a pesar de sus muchos problemas a nivel ético.

Hablando de disfrute de la cultura, este año, al igual que el anterior, he visto bastantes series de acción real en detrimento del anime. Llegó un momento en que la narrativa japonesa se me hizo cansina y repetitiva, a pesar de que aún siga viendo algunos animes y películas (Onepunch Man y El niño y la bestia son un par de ejemplos), pero las series han ocupado gran parte de mi tiempo. También he visto bastantes películas, diría que más que el año pasado: mi novia es una gran amante del séptimo arte y he ido bastante al cine.

Por otro lado, el hecho de no tener que cargar con un libro físico y poder leer desde el móvil en cualquier momento, además de los audiolibros, han hecho que haya leído más que el año pasado, aunque aún tengo que exigirme más en este sentido.

En el lado del ordenador, el hecho de usar Linux Mint me ha quitado de problemas con los gráficos o de cualquier otro tipo, con lo que el ordenador se ha vuelto a convertir en lo que debe ser: una herramienta para trabajar, crear y acceder a contenidos, no una finalidad en sí.

Por último, estoy muy contento con la periodicidad del blog. Aunque haya habido meses (mayo y junio) con una o dos entradas, todos los demás tienen tres o más, con un total de cincuenta entradas. El hecho de abandonar las redes sociales me han hecho escribir minientradas y a recopilar citas, y en ellas he encontrado un sustituto genial para dejar salir esos pensamientos cortos que antes iban allí. El público es mucho menor y la interacción no es comparable, pero la satisfacción personal de mantener este espacio vivo es mucho mayor y me compensa.

Propósitos para el nuevo año

A pesar de que llevo un par de años en los que no me he propuesto ningún propósito, este año sí me apetece hacerlo. En ellos mezclaré los tres ámbitos de los que he hablado.

  • Comer menos en la calle y perder peso. Lo único que haré será controlar lo que como, puesto que no estoy en disposición de hacer mucho más ahora mismo.
  • Aprender a cocinar, aunque sea algún plato sencillo. Tirar de precocinados no debe ser muy sano, y hacerlo todo vuelta y vuelta a la plancha limita mucho la dieta.
  • Repasar francés.
  • Los de siempre: seguir aprendiendo inglés, esperanto y guitarra; leer más y escribir algo de ficción. Son eternos propósitos a los que no pienso renunciar, como dije el año pasado.
  • Hacer algunos cursos de formación. Primero para beneficio personal, segundo para aumentar los puntos del concurso de traslados.
  • Intentar salirme de lo tradicional en lo que queda de curso.
  • Mantener una periodicidad en este blog. Publicar una entrada grande por semana y alguna extra más si surge, como he venido haciendo últimamente, es una periodicidad asumible para mi situación actual, puesto que escribo varias entradas y las dejo programadas para sucesivas semanas. Las demás las publico cuando vienen.

Encarando 2017

No sé por qué, si me pongo a repasar los últimos años, los impares tienen un algo que hacen que no los disfrute del todo. Palidecen frente a lo que me acontece en los años pares. Esto es una tontería tan grande como parece, pero espero que al final de 2017 mi sensación sea diferente.

El hecho de empezar un año con una persona a mi lado hace que lo vea con unas ganas y una ilusión que son totalmente nuevas para mí. Tengo ganas de seguir con la misma tónica que este año que pasa, volver aquí dentro de un año y decir «sí, ha sido igual o mejor».

Y nada más, que mil quinientas palabras para una entrada ya está bastante bien. Espero que recibáis 2017 rodeado de vuestros familiares y amigos y que tengáis un año lleno de sonrisas. Centraos en vivir, que es lo más importante. Yo seguiré aquí, en este rinconcito de la red, esperando que tengáis a bien leerme.

¡Feliz 2017!

Un afectuoso saludo a todos mis lectores, nuevos o veteranos,
Adrián

Imagen: Wikimedia, CC BY

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *