A la caza de los urbanos en Madrid

Este verano también pasamos unos días en Madrid y aquí sí tuvimos problemas con el transporte público, concretamente con los autobuses urbanos.

La aplicación del transporte público (que nunca había fallado previamente) nos avisaba de que un autobús estaba llegando, pero allí no se acercaba nada. Veíamos autobuses que pasaban de largo pero, debido a su lejanía, no veíamos si era el que nos interesaba porque no alcanzábamos a distinguir su número.

Cuando pasó el siguiente fuimos capaces de ver de refilón el número y tuve que salir corriendo detrás para pararlo. Cansado y enfadado le pregunté al conductor que cómo funcionan los urbanos en Madrid, que qué es eso de que no se detengan en la parada para comprobar si hay pasajeros interesados en subirse.

Casi enfadado me dijo que en Madrid los autobuses hay que pararlos levantando la mano, de otro modo simplemente pasan de largo.

Yo no veo el número de autobús si no está cerca de mí.

Muy bien, pensé yo, tendré que parar a todo urbano habido y por haber para poder mirar el número y aguantar la cara larga del conductor cuando le diga que no es el que estoy buscando.

¿Lo más irónico? Al subirnos vimos unos carteles en los que se decía que el autobús está preparado para perros guía. Debe haber algún ciego que haya enseñado a contar a su perro. De otro modo, no me lo explico.

Urbanos de Madrid, el paraíso de la accesibilidad.

Imagen: Wikimedia, CC BY-SA

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