Sentimientos encontrados con los servicios de contenido online

Lo admito: tengo el corazón dividido. A pesar de comulgar con las ideas del software libre, los servicios de contenido online me llaman demasiado la atención. ¿El problema de estos servicios «legales»? Que todos requieren software privativo y algunos tienen una política de privacidad más bien dudosa.

En esta entrada, de unas dos mil palabras, analizo algunos de estos servicios y expongo un dilema personal sobre su uso. No pretendo excusarme dada mi afinidad al software libre ni convencer a nadie de usarlos o no, tan solo exponer en alto un problema real en lo tecnológico.

Música

Los servicios de música online llevan bastante tiempo disponibles. Hay bastantes, pero yo tan solo he probado los dos que paso a comentar ahora mismo.

El caso de Spotify

Es el servicio de música más conocido, o al menos esa es la impresión que tengo sobre él. Tiene una aplicación para el escritorio y para el móvil, privativas ambas. La manera de evitar usas aplicaciones privativas es usar su reproductor web… que requiere Flash Player, un software conocido por sus importantes agujeros de seguridad.

Spotify tiene otro problema importante: la entrada en vigor de sus nueva política de privacidad. En resumen, van a recolectar datos hasta de cuándo respiras mientras usas su servicio. Estos nuevos términos me parecen completamente excesivo para un servicio cuyo límite debería ser analizar qué se escucha para recomendar música más cercana a los gustos que presenta el usuario. Nada más.

Deezer

Es otro servicio de música muy similar a Spotify. Y cuando digo «similar» me refiero a que también tiene sus aplicaciones privativas y su reproductor web también requiere Flash. Sin embargo, la diferencia fundamental entre este y el anterior es su política de privacidad: es mucho más respetuoso con el usuario. Además, no tiene publicidad entre canción y canción.

He tardado mucho en probar Deezer porque pensaba que grupos más desconocidos no estarían, pero he encontrado la mayoría de los que escucho. Entiendo que esto es cosa de acuerdos con discográficas, que irán en bloque: si acuerdan con un servicio de este estilo, acuerdan con todos. Algunos otros artistas no están y me parecen ausencias un poco sangrantes.

Cine y series

Los servicios para ver este tipo de contenido también tienen ya bastante tiempo, sin embargo en España no hay uno predominante como puede ser Spotify en la música. Hace unos años el más interesante era Youzee, pero cerró, y actualmente el más conocido es Wuaki, aunque a mí el más interesante me parecía Filmin, en el que se mezcla un inmenso catálogo de películas indie con algunas (muy contadas) novedades comerciales.

Llegó Netflix

Hace bien poco se anunció a bombo y platillo la llegada de Netflix a España. Este servicio es de los más potentes, con un catálogo espectacular en Estados Unidos, con producciones propios y con una considerable expansión internacional. Solo faltaba este hueso duro de roer que es España, donde las absurdas leyes de propiedad intelectual parecen todavía más absurdas que en otros países de la Unión Europea.

Pero al fin llegó. Y yo no he tardado mucho tiempo en registrarme. La primera en la frente: requiere Google Chrome porque es el único navegador que integra el DRM necesario para reproducir el contenido. Con más vergüenza que orgullo admito que me lancé a instalarlo sin pensarlo dos veces: es el navegador privativo y espía de Google, sí, pero solo lo usaría para esto y desactivaría todo lo desactivable de cara al usuario, aunque de puertas traseras debe estar repletito.

Volvamos al tema. Lo primero que se pudo saber es que llegaría con un catálogo reducido, como así ha sido, pero a mí me ha sorprendido de la cantidad de series y películas de las que ya dispone. Algunas que me llamaran la atención desde un primer momento: series como Daredevil y otras producciones propias (con su correspondiente doblaje), otras series como Prison Break, series de animación como Padre de Familia y de anime como Sword Art Online, películas como Pacific Rim, Origen y otras…

Cuando vi que había anime disponible se me iluminaron los ojos. Cada vez me resultaba más complicado encontrar anime doblado y en Netflix hay dos series que no he visto y una que solo he visto en japonés. Además están series que siempre me han llamado la atención como Orange is the new black.

El servicio, en definitiva, me promete horas de desconexión y de disfrute cual enano, todo a pocos click de distancia.

Ventajas

He hablado un poco de los servicios de este estilo que conozco. A continuación paso a hacer un pequeño balance de las ventajas e inconvenientes que veo en su uso, comenzando por las ventajas.

Algo que se puede considerar como una ventaja o como una desventaja es el precio. Tanto Deezer como Netflix cuestan 9,99€ al mes, lo cual hacen un total de veinte euros al mes para acceder a un catálogo suficiente o limitado, según se mire. Doscientos cuarenta euros al año mal contaos para los dos servicios. Desde luego es bastante en comparación con lo que venía gastándome hasta ahora, pero muy poco si considero la compensación que debía hacer durante todos estos años.

Estos servicios también pueden servir para saber cuándo un artista saca nuevo álbum. Más de una vez me ha pasado que un artista al que sigo ha sacado un nuevo trabajo y yo enterarme a los meses, cuando la curiosidad me empujara a buscar si había alguna novedad. Con un servicio de este tipo basta con seguir al artista para que te lleguen novedades sobre él.

Una poderosa ventaja es la tremenda comodidad que proporcionan. Entras en una web o una app, das al play y listo: tienes contenido con buena calidad en tu pantalla. Aunque acceder a ese mismo contenido con otros métodos puede ser igual de fácil y obtener una calidad similar, la presentación y la comodidad de un servicio «legal» es difícilmente superable por otros servicios alternativos.

Unido a esta comodidad y en el caso de Netflix, poder acceder fácilmente a contenido doblado. Y yo el 99% del contenido que veo es doblado (miradme como queráis: los subtítulos me agotan y me agobian, y no es por no haberlo intentado). En Netflix hay series de anime dobladas que no he encontrado de otros métodos.

Por último, una ventaja fundamental para mí es el apoyo a los artistas. Aquellos que defendéis métodos alternativos me podréis decir que ya voy al cine o que ya compro algunos CDs. No me parece suficiente. Escucho música, veo películas o series todos o casi todos los días. Contenido por el que no pago un céntimo. Aunque la cantidad que reciban de estos servicios sea ínfima (que lo es), me siento moralmente mejor usando estos servicios.

Problemas

Empecemos con lo evidente: el uso de software privativo. Para los defensores del software libre no es un plato de buen gusto tener que instalar Flash Player con sus numerosos problemas de seguridad ni Google Chrome (no Chromium: Google Chrome), el navegador de la compañía que monopoliza multitud de datos de los usuarios y que supone una fuente de información más para ellos, probablemente incluso cuando se desactivan opciones de cara al usuario.

Tampoco es del gusto de un defensor de software libre el usar tecnología con DRM, especialmente en HTML5 (un estándar que supuestamente debería estar por encima de intereses particulares de la industria). Hay una campaña de la FSF al respecto y hubo una gran polémica cuando Mozilla anunció que incluiría esa tecnología en el navegador abanderado del software libre. La tecnología DRM supone un retroceso y un incordio.

Otro problema importante es que pagas por un acceso a unos contenidos que realmente no posees. No puedes tocar nada, no puedes copiar un contenido de un dispositivo a otro porque no están en tu ordenador, están en el ordenador de otro. Esto quiere decir que ese tercero tiene total libertad para hacer lo que quiera con su contenido: encarecerlo, moverlo o incluso eliminarlo, con lo cual se estaría pagando por algo que acaba siendo peor de lo que era en un principio. Esto ha pasado con Spotify, servicio donde ha habido varias salidas de discográficas importantes.

Ya sea por esa salida de discográficas, por restricciones de los intermediarios o por cualquier otra razón, al final el catálogo de este tipo de servicios siempre es reducido. Faltan títulos alternativos o poco conocidos por lo que, al final, los métodos de acceso alternativo proporcionan acceso a un catálogo infinito, junto con la posibilidad de descargar ese contenido, copiarlo y distribuirlo libremente.

El dilema

Una vez me llamaron chorizo por admitir abiertamente que la mayoría del contenido que tengo viene de fuentes alegales. Aquello me marcó y fue el desencadenante de un fuerte dilema moral interno, un dilema que ya me había planteado en numerosas ocasiones anteriormente. Nunca había llegado a una decisión clara y esta vez, por desgracia, no es una excepción.

A pesar de haber admitido que la mayoría de mi contenido viene de fuentes alternativas, esto no quiere decir que no pague nunca. Compro CDs de artistas poco conocidos y voy al cine, aunque muy de tarde en tarde. No compro DVDs porque acaban cogiendo polvo en el salón. Estos servicios, por lo tanto, me parecen un punto medio adecuado (que no deseable) para recompensar mínimamente a las partes que hacen posible que yo me entretenga con unos contenidos o que crezca como persona gracias a ellos.

Es un hecho que la industria del entretenimiento no hace las cosas bien. Obligar a sus usuarios a instalar aplicaciones privativas, tener que tragar con un DRM absurdo, la cantidad de intermediarios que hay para un artista y tantísimos otros problemas no son propios de la era digital en la que estamos. La industria debería facilitar mucho más la vida a sus clientes porque, bien comprobado lo tienen, los métodos de acceso alternativos no van a parar por mucho DRM que impongan.

El principal motivo del dilema es que yo como usuario o como cliente (no me gusta nada la palabra «consumidor») quiero retribuir a los artistas, y no veo claro que la imposición de tecnologías restrictivas sean un motivo para no hacerlo de un modo más activo del que venía practicando hasta ahora.

No me importa que la industria sea multimillonaria y que yo como particular no cuento demasiado ya sea pagando o no por esos contenidos: el hecho importante es que yo quiero pagar por el contenido, y lo que hay es lo que hay. Tampoco veo claro que ejerza algún tipo de presión no usando los servicios.

Digo más: alguna vez me he planteado si los problemas anteriormente expuestos (el no poseer nada, el catálogo limitado, etc.) son excusas que me pongo a mí mismo para no pagar por un servicio legal. Hay veces que tengo serias dudas.

Cada vez que hablo de este tema en las redes libres siempre (pero siempre) hay alguien que me enlaza Jamendo, Internet Archive o cualquier otro lugar donde encontrar contenido libre de derechos o con licencias libres, como si llevara dos días usando internet y no los conociera. El problema es que yo soy una consecuencia de mi tiempo y si un artista que sigo saca un disco me gusta escucharlo y retribuirle por ello. Lo mismo si sale película en DVD: me gusta verla, a ser posible doblada. Escuchar discos en Jamendo es un buen ejercicio para conocer grupos interesantes, pero yo no podría usarlo como único origen de la música que escucho.

Tampoco me vale la excusa de que los discos duros y otros soportes físicos vienen con un porcentaje de su precio destinado a retribuir a los artistas por si acaso los usamos para almacenar contenido protegido con derechos de autor. Un disco duro lo compro una vez, no siento que esté retribuyendo a los artistas simplemente por usar mi ordenador.

Yo soy el primero que lo lamento, pero para poder disfrutar de ese contenido como yo quiero y retribuir a los artistas me tocar tragar con esa arcaica industria del entretenimiento. Me obliga a usar software privativo y no me gusta, pero llevan décadas sin bajarse del burro y no creo que lo vayan a hacer en el futuro próximo.

Cada quien tiene su escala de valores y prioridades. Quienes me leéis desde hace tiempo ya sabéis que la mía es muy variable: estoy plenamente convencido con algunos aspectos que afectan al software libre desde el punto de vista ético (uso de comunicaciones online, la preferencia de un programa libre frente a otro privativo, optar por una menor dependencia a grandes empresas, etc.), pero no soy consecuente en muchos otros (uso sistemas de mensajería masivas, pago por aplicaciones web centralizadas, etc.).

Este ámbito cultural o de entretenimiento (llamadlo como queráis) es mi punto débil. El dilema entre ser consecuente y retribuir a los artistas es complicado, porque optar por uno significa renunciar a lo otro y viceversa, y no me siento del todo cómodo en ninguno de los dos lados.

Mi único consuelo tecnológico parcial es que puedo tener centralizada toda la tecnología privativa en Google Chrome. Con este navegador puedo acceder a Netflix y también trae integrado Flash Player, con lo que puedo eliminarlo de mi equipo como plugin aparte. Si utilizo este navegador para acceder a estos servicios puedo usar Firefox para la navegación habitual, dado que es mi navegador de cabecera y el que más confianza me transmite.

Ahora mismo opto por no ser consecuente en este sentido y hacer una pequeña gran cesión al software privativo en mi PC. Ya os contaré cómo evoluciona el tema.

9 opiniones en “Sentimientos encontrados con los servicios de contenido online”

  1. Entrada para leer por fases….;-)
    Es un poco el dilema de siempre. Yo procuro hacer uso lo menos posible de componentes privativos, pero, a veces, no te queda otra.

    Buen artículo.

    Saludos.

  2. ¡Chorizo, mangante!Jejeje es broma.

    Respecto a los servicios que has mencionado tengo los siguientes problemas:

    -No quiero tener flash en el ordenador y me resisto todo lo que puedo.

    -No me interesan las listas de spotify, demasiado tengo con sufrir mi mal gusto personal como para tener que padecer el de otro.

    -Netflix me parece una buena opción pero no soluciona el problema de fondo que es lo innacesible que es la cultura, en general, por los impuestos y costos abusivos.

    -A mi archive.org me mola mucho pero no voy de talibán de ello, si quieres usar youtube, spotify, whatsapp y demás no voy a ir por ahí a decirte qué has de usar y qué no. A muchos se les olvida que además del software libre existe la libertad de consciencia aunque se actué de manera inconsecuente. ¿Qué pasa, que si no eres integrista podemos lincharte por usar una aplicación que seguramente, como turba enfurecida, usemos también pese a quejarnos?. Este tema tiene miga.

    1. Respecto a Flash, ya que he instalado Chrome y este lo tiene integrado, usaré los servicios que lo requieran desde ese navegador. Por suerte, solo es Deezer.

      Sobre las listas, bien es cierto que estos servicios musicales hacen recomendaciones un poco aleatorias y requieren mucho filtrado, pero es lo mismo que descargar la música que te gusta (claro que en estos servicios no tienen por qué estar todos).

      El problema de fondo sigue estando ahí, por supuesto.

      Ya sabes que hay gente que piensa así, que todo debe ser blanco o negro, y si no usas 100% software libre eres un hereje, aunque sí uses un 90%.

  3. Yo algo que tengo visto muy a menudo es que al usuario de software no-libre en GNU/Linux, aunque solo sea una pequeña aplicación, lo colocan a la misma altura del pirata en Windows….

  4. Yo con Netflix ni a la esquina, mis disculpas. Tiro del torrent y la cinemateca. Con la música tenemos servicios libres realmente interesantes de streaming gratuito: jamendo, archive, freemusicarchive o bandcamp si quieres apoyar al artista directamente ademas de que su catalogo es simplemente impresionante, para lo demás pues la comunidad torrent te saca de dudas.

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