Tengo formada una imagen muy clara de la política en España, y esta entrada nace para recogerla y compartirla.
Los avisos previos
Soy un ciudadano medianamente informado cada vez más de izquierdas, no soy politólogo ni sociólogo ni lo pretendo.
Esta es tan solo mi visión del asunto a brocha muy gorda, seré impreciso y puedo estar equivocado. Y aunque esta entrada tenga más de dos mil palabras, es breve, porque hay muchos aspectos en los que se podría profundizar mucho más.
En este texto no hablo de monarquía o república porque es irrelevante ahora mismo. Pero república.
Mirando al pasado
El primer presidente en democracia fue Adolfo Suárez, que hizo lo que consideró oportuno según sus ideas y las circunstancias tan complicadas. Podía haber actuado de otro modo, no sé si mejor, pero me parece muy injusto reprochar a un gobierno con más de 40 años lo que ningún otro ha reparado.
A Leopoldo Calvo Sotelo ni lo cuento, porejito.
Felipe González me parece el gran fraude de este país. Aunque las condiciones de vida mejoraron (la situación era la que era), fue quien empezó a privatizar y hubo muchísima corrupción en sus gobiernos, además de la vergüenza que suponen los GAL. El «socialista» y «obrero» de su partido se le olvidó bien pronto, a pesar de la gran ilusión que causó al principio. Hay quien dice que González ya no es socialista; yo, por lo que conozco, me pregunto si alguna vez lo fue.
José María Aznar privatizó aún más, engordó la burbuja inmobiliaria, metió a España en una guerra que nadie pidió y mucha gente pagó las consecuencias. Su gobierno, también corrupto hasta las cejas, mintió al respecto y Aznar sigue haciéndolo hoy. España iba bien, sí, escondiendo todos los problemas bajo la alfombra. Es un personaje político lamentable que sigue malmetiendo a las órdenes de Israel.
Luego vino Zapatero. Gloria para su gobierno por aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo, del que también se benefició la oposición que intentó tumbarlo. Las condiciones de vida también mejoraron y no hubo corrupción (o eso creo), pero reaccionó muy tarde ante la crisis de 2008, lo cual ocasionó el 15M y su total derrota electoral. Estaba haciendo un gran papel como expresidente hasta que se descubrió lo de las joyas.
Rajoy solo hizo recortar. «Dije que iba a bajar el IVA y lo he subido». Recuerdo que usaba los partidos de fútbol para anunciar medidas de tapadillo. Recortes en sanidad, educación y otros servicios básicos; rescates a la banca, persecución a los independentistas catalanes, pero los sueldos de los políticos y las deudas de los ricos, ni tocarlos. Que recordemos a un presidente por sus frases estrambóticas y no por sus medidas es bastante representativo. También que solo salga a la palestra cuando dice alguna racistada.
Pero quizá lo más grave de todos estos gobiernos es que jamás se hizo ningún acto institucional serio como reparación a las víctimas del franquismo. Cuarenta años de dictadura, transición a la democracia y a seguir. Me parece muy representativo que se llame «transición» y no «ruptura»: hubo y hay mucho heredero del franquismo involucrado en política institucional.
¿Y Pedro Sánchez?
Quizá sea recordado como el mejor presidente de la democracia, a pesar de casos de corrupción tan gordos como el de Ábalos y Koldo. Ha habido avances sociales evidentes, los datos macro son la envidia de Europa (creo) y ha plantado cara varias veces a EEUU ante las locuras de su presidente.
Casos inventados como el del hermano o el de Begoña solo han desviado el foco de los evidentes problemas que han tenido sus gobiernos. La derecha política, judicial y mediática ha intentado destruirlo con todas sus fuerzas, pero Sánchez es un animal político y un estratega. Al menos eso hay que dárselo.
El PSOE de Sánchez hizo más en su primera legislatura, con el empuje de Unidas Podemos, que en la segunda con Sumar. Ley del solo sí es sí, ley trans, ley de eutanasia, subida de los salarios… Siempre se supo que Sumar sería la muleta del PSOE, y así ha sido.
Aunque las condiciones de vida también han mejorado (siempre con el voto en contra de la derecha), de nuevo encontramos una reacción tardía ante el problema que más afecta al país: la vivienda. Y otra movilización masiva. No es casualidad que 11M y 26S hayan ocurrido bajo el mandato del mismo partido.
El PSOE es de izquierda en lo social pero no tanto en lo económico. ¿Cómo iba a meterle mano a la vivienda si miembros del partido son propietarios? No por nada consideran la vivienda un bien de mercado. ¿Y lo de derogar la ley Mordaza, para cuándo?
Es cierto que el segundo gobierno ha estado en minoría y hay un montón de medidas que han tumbado PP, Vox y Junts. Ironías de la historia: años diciendo que los independentistas catalanes son unos traidores para luego pactar con ellos contra medidas de izquierda: su única patria es el dinero.
Es cierto también que un montón de competencias están en manos de las autonomías, donde gobierna principalmente la derecha. Pero son el gobierno. Podían haber hecho más. El PSOE, a mi juicio, se ha quedado corto, y Sumar no ha empujado tanto como sí hizo Unidas Podemos.
Cierro de nuevo con el tema del franquismo. 2025 fue el año en que se cumplía medio siglo del fin de la dictadura. Se dijo que habría numerosos actos para celebrarlo, pero el año pasó y no hubo nada llamativo a nivel nacional. Las pocas y tímidas veces que el gobierno ha sacado el tema, la derecha siempre salta con cerrar las heridas, que España ya es otra y que si guerracivilismo, como si hablar de franquismo nos fuera a llevar irrevocablemente a otro 36. No es así. Los herederos de las víctimas se merecen un acto a nivel estatal, y si no ocurrirá con el PSOE, menos aún con el PP.
La derecha está imposible
La derecha, desde su inmovilismo, siempre actúa del mismo modo. Cuando gobierna se dedica a recortar o vaciar las arcas (cómo dejó la hucha de las pensiones Rajoy, qué horror), pero cuando la izquierda logra algún derecho, sus miembros se benefician después de intentar tumbarlo a toda costa, incluso acudiendo a los juzgados. Vuelvo al matrimonio entre personas del mismo sexo.
No recuerdo a un PP más abiertamente fascista y mentiroso que al de Núñez Feijóo. Desde que VOX tiene fuerza han pactado con ellos en las autonomías, se han plegado a sus exigencias racistas y machistas, han adoptado su discurso. Nunca olvidemos que el PP es un partido fundado y poblado por herederos del franquismo condenado como banda criminal, el más corrupto de España y de los más corruptos de Europa.
Por su parte, Santiago Abascal, líder de VOX, ya ha tenido líos de corrupción y se le han pillado muchas mentiras sin haber llegado al gobierno estatal. ¿Qué pasa con los programas electorales de tres folios? ¿Dónde queda aquello de derogar las autonomías desde que han mandan en ellas? ¿Y lo de acabar con los chiringuitos desde que desvían dinero a la fundación Disenso, en la que Abascal es presidente vitalicio? ¿Qué pasa con los continuos bulos y los mensajes racistas que propagan por redes? Nada de esto tiene consecuencias, pero tenemos a raperos en la cárcel por letras antimonárquicas.
Por supuesto, VOX también está poblado por herederos del franquismo y tienen diputados abiertamente nazis. Su discurso se basa únicamente en «prioridad nacional» (salvo si eres un español pobre, entonces da igual), en criticar el feminismo y en repetir «terrorismo climático».
En este país vivimos en 2023 una moción de censura planteada por VOX con Ramón Tamames como candidato. «El caos o yo», decía el buen hombre. No nos olvidemos. Pero esta es solo una anécdota.
Santiago Abascal acude poco y tarde a su puesto de trabajo en el congreso mientras habla de «la España que madruga». Pero como es un líder que da los discursos enfadado y manda mensajes muy sencillos que apelan a los sentimientos más primarios, muchas personas lo ven como un líder fuerte capaz de cambiar la situación. Sin embargo, la realidad cuando gobierna la derecha es otra. Y no tenemos que remontarnos a Rajoy.
Isabel Díaz Ayuso y las 7291 víctimas de las residencias, Mazón y la dana de Valencia, Juanma Moreno y los cribados del cáncer de mama, los incendios en distintas comunidades… Todas estas desgracias me dejan el claro mensaje de que la gente muere allá donde gobierna la derecha. Solo de pensar en estos dos partidos al frente de algo parecido a la pandemia de COVID me da escalofríos.
Ojalá tuviéramos una derecha conservadora con valores católicos tradicionales, pero no es el caso. Tenemos dos partidos que siguen los mandatos de EEUU e Israel y que ven la desgracia que Milei ha llevado a Argentina como un modelo. Tenemos unos políticos que no paran de declarar absolutas barbaridades. El problema aquí no son las ideas conservadoras sino este neoliberalismo exaltado que han abrazado los dirigentes de la derecha española.
Si hubiera un partido conservador algo más mesqurado, ganaría de calle estas elecciones. Pero no la hay. Los partidos de derecha ni siquiera tienen propuestas firmes más allá de «tumbar el sanchismo»: toda su campaña se basa en llamar traidor, psicópata y otras lindezas al presidente y en arrodillarse ante EEUU e Israel, tan patriotas como son.
La izquierda tampoco es perfecta
Para empezar debo aclarar que no incluyo al PSOE en este apartado. Hablo de «la izquierda a la izquierda del PSOE», que para mí es izquierda sin más.
El hecho de que Podemos, que se ha visto muy tocado tras su participación en el gobierno, haya conseguido que el PSOE aprobara medidas que por sí solo no hubiera sacado jamás, me confirma que este país necesita izquierda real.
Por hablar del único partido de izquierda que ha tocado algo de poder, mucha gente pensará que lo peor que se puede decir de Podemos es que el coletas es un bocachancla por meterse en una hipoteca para comprarse un casoplón. Y es cierto, fue una torpeza enorme. Pero en comparación con toda la corrupción que acumula la derecha, yo me quedo con el bocachancla.
Es mucho más grave que hay explotación laboral en sus proyectos, pero en este país se da más importancia a un casoplón que a los derechos laborales. A pesar de las muchísimas razones que hay para criticar a Podemos, lo único que recuerda la gente es el casoplón.
Podemos abandonó el discurso de «la casta» y de «los de arriba» cuando empezó a ascender. Rebajaron su tono para contentar a las élites. Y Sumar es heredero de este descenso en el tono.
A la izquierda española, especialmente a la madrileña, le encanta mirarse el ombligo. Defienden sus siglas, su carguito, y son incapaces de ponerse de acuerdo por el beneficio de la mayoría. Actualmente hay mucho enfado por peleas internas del pasado, a los últimos hechos me remito.
Lo único que escuchamos por parte de estas formaciones es que hay que parar a la derecha. Y esa estrategia es inútil con unos medios de comunicación y unas redes sociales controladas por ultraderechistas que cada vez se camuflan menos. Deben hablar de las condiciones de vida: el alquiler, la vivienda, el precio de la compra, los dos trabajadores que mueren diariamente, apelar a los cuidados y proponer un programa común que cumplirán bajo cualquier circunstancia.
Quizá si Unidas Podemos hubiera roto gobierno con el PSOE tras el primer año sin derogar la ley Mordaza, la situación hoy hubiera sido diferente. No sé si mejor o peor, pero diferente. La propia izquierda parece tener miedo a poner en valor sus ideas cuando llega al poder y se conforma con las migajas que le deja el PSOE. Ya hemos escuchado a Rufián en este sentido.
Pero esto no se trata de ser equidistante. A pesar de todos sus problemas, yo no quiero a la derecha en el gobierno. Yo quiero avances, que las personas no sufran, unos políticos que cuiden de la gente. Eso, a mi modo de ver, solo lo trae la izquierda. Quizá no la actual, pero alguna izquierda.
En fin
Este texto nace como una bifurcación de la entrada que se publicará la semana que viene, sobre el porqué voto en elecciones. Son temas relacionados pero diferentes y estaba quedando demasiado larga.
Esta es mi visión del asunto tras unos años escuchando primero a divulgadores de derecha, sobre todo contra el feminismo. y luego a divulgadores de izquierda. Tan solo espero no haber dicho ninguna barbaridad a ojos de personas con un bagaje político mayor que el mío. Estaré encantado de leer cualquier opinión.
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