Este es un momento tan bueno como cualquier otro para echar la vista atrás y contar qué tal me ha ido el verano.
Un julio muy atareado
Aunque en julio estamos a disposición de la administración, este mes no me han llamado del trabajo y he podido dedicarlo a mí. Aunque el curso estuvo bien cargado de trabajo, lo terminé muy bien de ánimos, lo cual me permitió afrontar el mes con ganas. Y vaya si lo hice.
Con vistas a mejorar en mi trabajo, una de las primeras decisiones que tomé fue sacarme el B2 de inglés. Tiene su explicación pero no la contaré aquí. Llamé a varias academias de mi municipio, ninguna me dio opciones y acabé en una de otra localidad, un lugar donde viví en cursos anteriores y una academia donde ya me prepararon para el B1 que saqué por puro gusto personal. Así que estuve todo el mes de julio yendo dos días en semana a otro municipio para practicar inglés.
Como debo tener algún punto masoquista, me preparo para Cambridge, que tiene fama de ser más dura que otras instituciones oficiales. Lo que tenía y tengo claro es que no quiero dedicar mucho tiempo a este tema, y ya tengo pagado el examen para octubre.
Interludio. A ese otro municipio debo ir en Cercanías. Absolutamente todos los días del mes el tren llegaba tarde porque a la misma hora había programado un Media Distancia. ¿Por qué había anunciada una hora de salida que coincidía con otro tren? A saber. El caso es que siempre debía acelerar el paso para no llegar a la academia mucho más tarde de la hora, porque tarde llegaba sí o sí.
Dado que este verano no había programado ningún viaje con amigos, decidí dedicarlo a ciertas tareas personales que llevaba tiempo posponiendo. El curso escolar prácticamente me inhabilita para vivir (es una exageración, pero entre bajones de ánimo y las exigencias diarias no doy para mucho más), por lo que ciertas tareas llevaban apuntadas varios años. Este fue el mes de darles su lugar.
Además, me propuse ir a la playa sí o sí una vez por semana. Para cualquiera que viva lejos de la costa será sacrilegio porque yo la tengo muy cerca, pero es un objetivo que debo marcarme. Y aunque finalmente no he ido tanto como me hubiera gustado porque en julio hacía demasiado calor y en agosto me puse malito (más sobre eso a continuación), sí diría que he ido más veces que otros años.
Y para rematar, ejercicio. Además del entrenador personal una vez por semana, caminatas (alguna de hasta catorce kilómetros), bici estática (algunos entrenamientos hasta de cuarenta y cinco minutos) y fuerza (calentamiento y dos sesiones completas por semana como mínimo). Un contraste brutal con respecto a junio, donde estuve inactivo por la carga de trabajo. No me pararon ni las olas de calor: salía a caminar como muy tarde a las ocho de la mañana porque a las diez ya no se podía estar en la calle.
Un agosto más tranquilo
Después del frenetismo del mes de julio, era inevitable bajar el ritmo. La academia de inglés cerraba todo el mes, el entrenador cerraba dos semanas, no podía avanzar con ciertas tareas porque en agosto se para el mundo, y las caminatas bajaron bastante de frecuencia. Agosto fue el mes de preparar inglés por mi cuenta, de seguir con algunas series (terminé ‘My hero academia’ por fin), de grabar episodios para pódcast y de entrenamientos de fuerza. Todo esto, claro, sin renunciar a otros planes cuando salían, como también ocurrió en julio.
Sin embargo, el mes ha tenido dos momentos reseñables, uno para bien y otro para mal. Empecemos con el malo.
El sábado 15 me levanté fatal. Malestar, dolor de cabeza y fiebre. Infección de orina. Fueron unos días metido en cama sin ganas de nada. Fui al médico el domingo (cabezota que es uno) y tuve que volver el martes porque el lunes lo pasé entero en la cama, como los días anteriores. El martes por fin dieron con el tratamiento, un tratamiento que he terminado recientemente.
El momento positivo vino a final de mes. Fui con mi familia a un hotel todo incluido. Uno de esos que yo mismo había criticado cuando era más joven por decadentes. Lo pasé realmente bien, estuve muy tranquilo y pasé muy buenos ratos que volverán a mi memoria con una sonrisa. Otra contradicción más con la que lidiar: ¡viva la decadencia!
También a final de mes decidí que debía retomar la lectura, aunque fueran diez páginas por día, y estoy decidido a mantener ese hábito durante el curso (una vez que lea, si es necesario, las obras obligatorias). Me hace muy feliz avanzar con la lectura, aunque sea un poco. Durante 2025 solo leí cinco obras y antes de verano, solo una. Desde que he tomado esta decisión ya he leído dos ensayos y un poemario.
Un bajoncillo final
Desde el domingo 30 el trabajo empezó a ocupar mi mente, y esto me llevó a un pequeño bajón de ánimos. Ya metidos en septiembre me alejé del fediverso durante una semana, en uno de mis descansos periódicos. Ver noticias negativas sobre tantos temas no me hacía bien y, como soy consciente de que es problema mío, decidí apartarme.
Una idea muy simple pero muy fastidiada de asimilar es que estos bajones de ánimo tan pronunciados ya forman parte de mi vida. Debo lidiar con ellos, aceptarlos y gestionarlos como mejor se pueda. No se puede estar bien siempre, pero siempre tienen que ver con el trabajo, mire usted qué casualidad. El capitalismo haciendo de las suyas.
Y poco más
Yo creo que está bastante bien. Me alegra que el curso no me comiera el ánimo tanto como otras veces, en las que necesité mucho más tiempo de descanso, y me alegra que haya dedicado tanto tiempo a temas personales que necesitaba atender.
Ahora solo queda esperar lo que nos trae el curso escolar, pero de eso hablaré en otra ocasión.
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