A primeros de mes me tomé uno de mis descansos periódicos del fediverso, y una razón para ello fueron las constantes noticias sobre inteligencia artificial generativa. Como usuario me veo muy impotente e incluso perdido ante ellas porque no tengo el tiempo ni las ganas de valorar todo lo que implican.
Aclaraciones previas
Para que todo estemos en la misma página, unos párrafos introductorios como si esto fuera el antiguo Twitter.
Primero. En este texto hablaré de «IA» por pura comodidad. Podría usar IAgen (por IA generativa) o LLM (aunque no sé si modelos de generación de imágenes lo son). Dado que el texto se refiere únicamente a este tipo de modelos, se me permitirá la imprecisión.
Segundo. Este texto está escrito por un aficionado a la tecnología y partidario del software libre, pero también por alguien que lidia con muchas contradicciones. Hace tiempo que renuncié a ser consecuente con mi uso de la tecnología, si alguna vez lo busqué.
Tercero. No tengo una opinión fuerte sobre muchos asuntos porque no entiendo ni tengo las ganas de entender todas sus implicaciones. Este texto es, precisamente, una manera de expresar mis dudas y pensamientos al respecto.
La IA y yo
La única vez que he hablado de manera extensa sobre el tema en mis espacios fue en enero de 2024. Una eternidad a efectos tecnológicos, pero aún dura el empuje y no tiene visos de detenerse. Las noticias o las críticas sobre la implantación de IA son constantes.
Por entonces no había probado ninguno de los modelos más populares. Más de dos años y medio después, he usado varios y la IA forma parte de mi repertorio de herramientas comunes. Las que usé y uso con más frecuencia son las siguientes:
- Perplexity para hacer búsquedas ya que proporciona enlaces de donde saca la información. Dejé de usarlo porque lo limitaron muchísimo sin cuenta, y no tengo interés en registrarme.
- Duck.ai la uso bastante porque no requiere cuenta. Lo uso para hacer preguntas o búsquedas. Recientemente han limitado también su uso (no sé si por exigencias de los modelos originales) así que no sé cuánto tiempo duraré.
- Bevel Intelligence, integrada en la app Bevel que uso para todo lo relativo a nutrición, ejercicio y salud. Jamás gasto los créditos pero sí diría que la uso bastante para interactuar con mis métricas. No sé cómo se guardan los datos pero como haya una brecha de seguridad será una fiesta.
- Gemini para el trabajo. Las cuentas Google de la Junta de Andalucía tienen acceso a Gemini Pro. Lo he usado para generar textos con ciertas características cuando no soy capaz de encontrar uno que me sirva, para pedir ideas ante ciertas situaciones y para adaptar ejercicios para cierto alumnado con necesidades educativas.
Diría que mi uso es anecdótico en comparación con ciertos perfiles que me cruzo en las redes y fuera de ellas. Por ejemplo, de momento no la he usado para generar imágenes, y me molesta cuando sé que alguien hace imágenes con IA para enviármelas expresamente a mí.
¿Me molesta ver y que me pasen imágenes claramente generadas con IA cuando yo uso dicha tecnología en ocasiones? Sí. Sumemos contradicciones.
Sé que la IA tiene muchos problemas pero, como tantos aspectos en mi vida, soy pragmático. Por ejemplo, hacer una búsqueda hoy supone dedicar un tiempo que a veces no quiero emplear en eso, o es demasiado específica para encontrar respuestas en una búsqueda habitual. Igual que sigo con productos Apple por conveniencia, aunque me parezca una empresa horrible en muchos aspectos, no renegaré de la IA cuando sienta que me ayudará en mi día a día.
Es curioso que el SEO que salvaría muchas webs ha sido la herramienta para fastidiar los buscadores normales y hoy en día se habla de GEO o AIO, puesto que el objetivo es que los resúmenes por IA que aparecen en buscadores como Google use la información de una web en lugar de otra.
Mientras escribía estas líneas me he dado cuenta de que mi uso de la IA es como herramienta auxiliar. Diría que, salvo ciertos textos para alguna actividad específica en clase, nunca he compartido nada generado directamente por una IA. ¿Es este uso más válido que otros? De verdad que no lo sé.
No me gusta la IA
Una vez establecido que no soy un ser de luz que reniega de la IA con la fuerza de mil soles, dejemos algo claro.
Los problemas de la IA son evidentes. El consumo energético, la necesidad de infraestructura y el total desprecio a los derechos de autor son problemas imposibles de aceptar como inevitables o necesarios, y son problemas que la gente lista debe poner sobre la mesa. Pero no son los únicos.
La IA se usa en procesos creativos no solo como una herramienta auxiliar, para tener ideas o revisar un texto. Muchas personas, empresas e instituciones la usan para reemplazar algo tan humano como es la creatividad, una tarea que la IA, por lo general, no hace bien. Muchas (muchísimas) imágenes generadas con estos modelos tienen ese «tufillo a IA» tan característico, un «tufillo a IA» que en realidad es un estilo robado a otros tantos autores.
Vemos continuamente carteles generados con IA, miniaturas en YouTube generadas por IA (todas iguales), los estudios de videojuegos usan recursos generados por IA que llegan a la versión final, ya hay series y películas que usan planos generados por IA, incluso se ha estrenado una película de animación (horrible, al parecer) generada entera con IA. Incluso Amazon tuvo que limitar el número de libros publicados por la cantidad de títulos generados con IA que les llegaba.
¿Y a quién corresponde el copyright de esa obra generada mediante un modelo que ha sido entrenado con millones de obras? «Una IA crea igual que un humano», pero un humano no se entrena con millones de obras culturales metidas con embudo para enriquecer a una gran empresa que ignora el copyright. Muchos autores hablan de sus influencias en sus entrevistas: ¿cuál es la influencia de una obra generada con IA?
Pero vamos más allá.
La IA de Elon Musk, Grok, fue usada para generar imágenes sexuales de mujeres y niñas. Cuando el asunto saltó a la palestra, su solución fue poner la generación de imágenes tras un muro de pago.
Muchas personas usan una IA en lugar de ir a psicólogo. En lugares como España, los de la seguridad social son inaccesibles; los privados, caros. Una máquina complaciente que se inventa datos se ha convertido ya en el soporte emocional de muchas personas.
Ya ocurre que muchas personas comprueban las indicaciones de un farmacéutico en uno de estos motores. Verás las risas cuando la IA recomiende antidepresivos o cualquier producto que patrocine el motor.
Intereses espurios
El mayor problema es el que la tecnología arrastra en las últimas décadas. Este gran avance tecnológico nace con el único objetivo de monetizar. De crear dependencia. De ser una herramienta imprescindible más para captar datos de sus usuarios y seguir con su mercantilización.
Nótese que OpenIA tiene «Open» en su nombre porque en un principio quería hacer modelos «abiertos». Hoy forman parte de Microsoft. Los del software libre tenían razón cuando criticaban el concepto «open source». Tenían razón, como siempre, como en todo.
Cuando mucha gente ya depende de la IA para hacer su trabajo (porque aumenta la productividad pero jamás el tiempo libre que ese aumento facilita), las tecnológicas reducen el tiempo que puedes usar sus modelos y aumentan los precios. Un plan perfecto ya clásico: la primera dosis es gratis, luego toca pasar por caja.
Alán Barroso, en su ensayo ‘Civilización o barbarie’, hace un análisis de la tecnología actual y se detiene en la IA durante varias páginas. Una de las ideas que lanza y que no me he cruzado en otros lugares es que esta tecnología podría usarse para el bien. Para gestionar los recursos de tal modo que cada persona reciba lo que necesita, en base a la ingente cantidad de datos que ya poseen las tecnoógicas. Pero para eso haría falta una IA gestionada por personas que mirasen más allá de su propio bolsillo y el de sus accionistas. No es el caso.
Los modelos en local con mayor respeto a la privacidad parecen una utopía, y aún entonces habría que ver con qué material son entrenados. Porque, por lo visto, si una IA no se entrena con una ingente cantidad de datos parece virtualmente inútil. Ya te guardarías tú de piratear una película o una serie (LaLiga corta medio internet porque hay alguien que piratea partidos de fútbol), pero si eres una gran tecnológica que usa cualquier material protegido para entrenar su IA, no pasa nada. A ver quién se mete con una gran tecnológica. Una multita de unos milloncejos y a seguir con el negocio, como llevan décadas haciendo.
Últimamente todo tiene que llevar IA. Un caso que ha llegado a mi correo, muy simpático, es el de The Noun Project, un lugar donde descargar iconos en blanco y negro. Añaden un generador de iconos mediante IA pero eh, en los términos dice que solo podrás subir iconos creador por un ser humano. Pero el generador te lo venden igual.
Impotencia
Aun siendo consciente de todos estos problemas y aun lidiando con la contradicción de que yo mismo la uso (inserte aquí discurso sobre el sistema obligándonos a elegir lo «menos malo»), ver que más y más proyectos introducen IA en su producto o en su proceso de trabajo genera mucha impotencia como usuario.
La IA aparece en cada vez más realidades de nuestro día a día, y la estrategia de meter la cabeza en la arena no parece factible. A nivel individual podemos tomar la decisión de no usar estos modelos, o de usarlos poco. Pero, ¿y todo lo demás? ¿Cuando veas una película que meta una escena generada con IA sin previo aviso? ¿Ese cartel de tu pueblo generado por IA? ¿Esa canción que Spotify te pone en una playlist para no pagar a aritstas?
¿Hasta cuándo podemos huir? ¿De verdad reventará de la burbuja de IA y se dejará de usar en cuestiones creativas?
Pero lo que más me supera es cuando la IA llega a la programación de software libre. Si yo, simple usuario y persona cada vez más cansada, soy capaz de vez sus problemas, ¿cómo puede ser que un programador de software libre introduzca la IA en su flujo de trabajo? Y los usuarios, ¿qué hacemos ante esto?
Un caso con un tiempo es el de KeePassXC admitiendo que usará la IA. Linus Torvalds tampoco es tajante con el tema, y Debian ha decidido actuar en los mismos términos. Incluso GrapheneOS, la distribución de Andorid más conocida por su privacidad y seguridad, admite que usa IA para detectar y corregir vulnerabilidades. En todos los casos, entiendo, el código generado mediante IA pasa por un estricto proceso de revisión.
¿Es lícito este uso de la IA como herramienta auxiliar, a pesar de los problemas tan graves que traen consigo los modelos comerciales? Si el código generado pasa por una exhaustiva revisión humana, ¿es censurable su uso?
No me parece realista escapar de uno de los mejores gestores de contraseñas en local, ni de una de las distribuciones más importantes del software libre (en la que se basa la que uso actualmente), del sistema móvil más seguro, y menos aún del kernel.
¿Qué podemos hacer los usuarios informados? Yo solo veo una respuesta. Resignarnos. Buscar alternativa a cada una de las herramietnas que incluyen o son permisivos con la IA me parece inviable por el tiempo y el esfuerzo que implica. Tan solo me queda la idea de «algo es mejor que nada»: es algo evitar alguna de esas herramientas. Pero son muy poquitas.
Mira el listado Open slopware. Mira qué cantidad de proyectos. Ni siquiera quienes mantienen la lista son capaces de nombrar alternativas a todo.
Estoy cansado, jefe
Entiendo que esta IA, aunque muchas personas digan que no es realmente inteligencia, es revolucionaria y que ofrece una cantidad de posibilidades que yo, en mi cansancio y mi cerrazón, ni siquiera soy capaz de ver. Tampoco necesito verlas para mejorar mi día a día. Pero sí veo sus problemas.
Me decepciona que tantos proyectos de software libre acojan la IA, pero pienso que tendrán sus buenas razones. Supongo que todo se limita a «los desarrolladores ya la usan y no podemos negar esa realidad». No sé qué pensar, no sé cómo reaccionar, y no creo que haya respuestas sencillas en este punto.
Lo que tengo claro es que no buscaré alternativas a cada proyecto que anuncia el uso de IA. No tengo el tiempo ni las energías.
Es una batalla más entre gigantes en la que los usuarios somo podemos mirar desde la barrera esperando que los golpes que nos llegan no sean demasiado fuertes. Mientras, algunos gritan que nos metamos en la pelea.
Esto ni siquiera es la titánica tarea de decirles a tus contactos que te agreguen a DeltaChat (¿usará IA DeltaChat?). Es renegar del kernel de tu sistema operativo libre y de un montón de programas por usar una tecnología tan problemática. Es descorazonador, es agotador y crea mucha impotencia.
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