Aunque la juventud sea un tesoro divino y muchos digan que cualquier tiempo pasado fue mejor, estoy muy contento con la etapa vital en la que me encuentro.
Siempre he sido una persona introvertida. Me costaba mucho iniciar el contacto con otra persona y me veía muy alejado de los intereses típicos de mi edad.
Mientras mis compañeros de clase salían a beber, yo me quedaba en casa disfrutando de cultura o probando programas en mi ordenador.
Mientras otros estaban con las hormonas revolucionadas, a mí jamás me ocurrió (soy asexual o algo).
He dedicado buena parte de mi vida a mi objetivo de ser profesor y esa fijación hizo que renunciara a muchos planes y grupos. Cuando terminé la carrera decidí que debía abrirme un poco más a los demás, y mi manera de relacionarme cambió a mejor.
Desde que empecé a trabajar he pasado por muchísimo estrés, lo que me llevó a la baja de 2024, pero incluso con eso he tenido muchos más planes y experiencias bonitas en los últimos años que en mi juventud.
Ahora, de adulto, estoy mucho más a gusto conmigo mismo y con los demás.
Estoy muy cerca de decir que se mitifica mucho la juventud, pero entiendo que mi experiencia no es la habitual. Yo no experimenté esa rebeldía o esa llamada diversión normativas. Pero sí creo que se infravalora la adultez.
Si la juventud es la época de la rebeldía, yo soy mucho más rebelde ahora que tengo maneras de lograr que otras personas reflexionen y que mi conciencia social ha crecido muchísimo.
Si la juventud es la época de diversión, yo me divierto mucho más ahora con adultos que quedan para tomar algo y no para pasar frío y ligar toda la noche.
(Esto último es una simplificación, evidentemente, pero hasta hace muy poco no entendí el porqué del boteellón.)
Desde que cumplí los treinta me he esforzado mucho en equilibrar mi vida personal y laboral (aún me queda mucho por mejorar ahí), introduje el ejercicio (que se ha convertido ya en parte de mi rutina), he viajado, he fortalecido mi relación con mis cercanos y he conocido a gente maravillosa.
No me gusta decir que aún soy joven. No deberíamos empujar la juventud hasta el infinito. Considero que mi adultez empezó con mi trabajo, a los 25 años, momento en el que empecé a tomar decisiones vitales que me han llevado a ser quien soy ahora mismo.
Muchos dirán que no he vivido mi juventud. Y me da exactamente igual. He vivido la vida como ha venido, a mi forma. Y mi adultez, claro, está muy marcada por el hecho de que no he iniciado una familia, que lo cambiaría todo.
Así que sí, en suma, considero que la adultez está siendo mi mejor etapa vital. Quiero vivir una adultez sana, a gusto conmigo mismo, y si me toca pasar por otra etapa más tarde de lo habitual, estoy dispuesto.
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