El turismo nos salvará

Seguramente por influencia de alguien cercano, siempre he tenido muy claro que la máxima «el turismo nos salvará» es una gran mentira. 

Diría que nunca he escuchado la frase enunciada de esa forma, o al menos no lo recuerdo como tal. Es la manera que tengo de enunciar la deriva al turismo que dieron a la economía española desde hace décadas: el turismo como pilar fundamental de las ganancias del país. 

Esta deriva al turismo ha traído consigo muchísimas consecuencias, empezando por el propio urbanismo de las ciudades. 

Como ejemplo paradigmático tengo la renovación de la Plaza de San Juan de Dios en Cádiz capital. Los yates llenos de turistas paran justo delante y la plaza tenía bancos donde dormían los indigentes. Quitaron esos bancos, pusieron una fuente con luces y ahora la plaza se ve preciosa desde los enormes barcos.

Terrazas de bares que ocupan las aceras y que suponen obstáculos para personas con baja visión o con movilidad reducida. Pisos de alquiler vacacional y especulación inmobiliaria. 

Pero podríamos ir más allá. Se desmantelaron muchas industrias, hay fuga de cerebros y un larguísimo etcétera porque lo único que importa es el turismo. 

Hay días en los que paseo por Cádiz y me es complicado escuchar acento gaditano. Da para pensar. 

No estoy contra todo el turismo: al final, yo también soy turista cuando puedo. Sí estoy en contra de las prácticas abusivas y las injusticias, sobre todo cuando son tan evidentes. 

Espero que el ejemplo de Canarias cunda y más gente se eche a la calle para protestar contra esta situación, que está expulsando a la gente de sus barrios.

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