Ataques y pensamiento simple

Hay ocasiones en las que uno plantea una pregunta sobre un tema sensible, y corre el riesgo de salir trasquilado. Justo ayer planteé una cuestión de este tipo y hoy vengo a reflexionar sobre el asunto.

El debate que lleva a la reflexión

La cuestión que planteé, tanto en Mastodon como en Twitter, fue la siguiente:

Pregunta totalmente inocente y bienintencionada.
Veo mucho esfuerzo para que las mujeres elijan carreras STEM.
PERO (¡ja!).
¿No puede influir el hecho de que a las mujeres, generalizando y por algún motivo, simplemente NO LES INTERESA ese tipo de carreras?
No sé, libre albedrío.
Creo que la opción de entrar la tienen igual que todo el mundo. Puedo estar equivocado, ojo.
¿Tengo un sesgo machista o es un pensamiento con cierta lógica?

Nótese el «pregunta inocente» (cuando lo uso es literal: no hay ningún tipo de malicia o de doble intención), el «¡ja!» después del «pero» (porque siempre es problemático poner un «pero» cuando se plantean este tipo de historias: delata que el pensamiento real es lo que viene después de ese «pero»). Puede que el tono del resto del mensaje (ese «no sé», esas mayúsculas) tuviera cierto tono irónico o chulesco, pero no era para nada mi intención.

En Mastodon recibo mucha más interacción que en Twitter, y rápidamente el mensaje se difundió. Empezaron a llegarme respuestas: primero me daban la razón (hay perfiles que no interesan a las mujeres, sin más) y pronto empezaron a llegar experiencias en el otro sentido.

Mujeres con perfiles específicos, poco asociados a ellas, que deben soportar comentarios hirientes por parte tanto de compañeros como de profesores. Profesionales que deben imponerse a las malas en su puesto porque su puesto no es «para mujeres». Una educación (dentro y fuera de la escuela) enfocada a que hay perfiles predefinidos por sexo.

La igualdad de oportunidades en el acceso existe, pero hay muchísimos factores que influyen en ese libre albedrío (me han dicho que tal cosa no existe en una sociedad tan dirigida como esta, y estoy de acuerdo).

Yo no me había parado a pensar en esos factores porque no están en mi parcela de realidad. Yo he estudiado letras y soy profesor de secundaria, dos perfiles en las que la presencia femenina es muy común e incluso mayoritaria.

Otra conclusión es que es necesario fomentar este tipo de carreras entre las mujeres. Que sepan que existen y que son igual de válidas para elegirlas, que no hay perfiles predefinidos. Otra cuestión es cómo se lleva a cabo esta difusión (alguien comentaba sobre «clases de inclusión» en un curso en el que no se había presentado ni una sola chica), pero esa difusión, después de leer las experiencias, me parece necesaria.

Tengo pendiente ver un documental sobre la «paradoja de género» que ocurre en lugares como Noruega para enriquecer mi visión al respecto.

Por lo tanto, sí, tenía un sesgo machista con el asunto. Un sesgo machista que no afecta en mi actividad profesional como docente, menos aún en el trato diario con mujeres en cualquier sentido, pero un sesgo machista al fin y al cabo.

La reflexión en sí

Me ha parecido necesario especificar la anécdota para que entendáis mi flujo de pensamiento, pero realmente lo que quiero contar es lo que viene a continuación.

El feminismo es un tema que está muy presente en la actualidad, una cuestión muy necesaria que requiere un buen esfuerzo intelectual por parte de mucha gente (hombres y mujeres) y en el que no es fácil llegar a una conclusión o formarse una opinión en cada uno de los temas que trata.

Yo siempre he tenido cierto rechazo hacia una parte del discurso feminista. En este mismo blog y en las divagaciones hay reflexiones que se asemejan mucho (demasiado a veces, para mi visión actual) a un pensamiento conservador que a día de hoy no me representa para nada.

Este rechazo venía provocado por lo que escuchaba en cierta época, allá por 2018. «Los hombres son violadores en potencia» no me parece un mensaje muy acertado para difundir una causa tan importante, y fue una máxima que se me quedó tatuada en el cerebro. También pudieron leerse perlas como que el amor romántico o la heterosexualidad son imposiciones patriarcales. Diría que, cuanto menos, son afirmaciones cuestionables.

Empecé a ver canales como el de Un tío blanco hetero o el de Joan Planas. Y me tragué su discurso de aquella época. Enterito y hasta el fondo. Hoy en día me parecen parodias de sí mismos, pero eso es un tema que da para otro escrito.

No conocía ningún canal ni divulgadores sobre feminismo que lo hicieran desde una postura mesurada, y tampoco me molesté en buscar. Preferí quedarme con mi parcelita de realidad.

Sin embargo, el tiempo pasa y uno empieza a plantearse ciertas cuestiones. Uno observa y ve la realidad que le rodea y se da cuenta de que sus conclusiones quizá no eran las más cercanas a la realidad. Con mi pensamiento simple.

No me gusta el pensamiento simple, pero tampoco tengo el tiempo ni las ganas de leer bibliografía específica sobre cada tema importante que llega al debate social para formarme una opinión certera.

Cuando hay un tema importante y quiero plantear mis dudas, hago uso de las redes sociales. Siempre vuelve ese miedo a salir trasquilado, en una época en el que las sensibilidades están a flor de piel, pero las redes vienen francamente bien para tener respuestas rápidas a estas preguntas tan importantes y que, de otro modo, requerirían un buen tiempo de investigación.

Por ejemplo, hasta hace muy poco no me había parado a pensar en serio sobre la prostitución. En mi pensamiento simple, si la mujer elige ser prostituta, ¿qué hay de malo en ello? Tuve que ver un debate bastante encarnizado en Twitter para plantearme qué porcentaje de mujeres elegirá ese perfil de forma voluntaria y el papel del putero en el asunto.

Volviendo a mi anécdota sobre las carreras STEM, tuve la grandísima suerte de que el intercambio de ideas fuera sano y productivo. Un intercambio que parte de una pregunta que, para muchos, tiene un claro sesgo machista y que puede llevar al ataque fácil.

Solo hubo una persona que me dijo que tenía un sesgo machista, sin aportar nada más. Una.

Es algo que me produce alegría y tristeza a la vez.

Alegría porque he sido capaz de rodearme de buena gente en redes, gente que me entiende y que está dispuesta a debatir conmigo, a pesar de ese cierto tono chulesco.

Sin embargo, me produce cierta tristeza que hubiera una persona que determinó innecesario aportar nada más. Si esa persona llega a ser la primera, cabe la posibilidad de que me hubiera cerrado en banda y ya no me hubieran valido de nada los demás argumentos.

Yo no estoy en ese punto, pero hay mucha gente que sí. Muchas veces me he cruzado en Twitter ataques a una persona por afirmaciones de este estilo.

Si mi mensaje hubiera sido algo así como «Las mujeres no eligen carreras STEM porque no les da la gana, la opción la tienen igual» entiendo que más de uno y más de dos, especialmente si no interactúa conmigo, me hubiera mandado un poquito lejos. Pero no era el caso.

Con el ataque no se consigue absolutamente nada. Insisto: si yo planteo la pregunta, me atacan y me cierro en banda, ¿voy a aprender algo? ¿Serviría para algo mi pregunta, mi intención de escuchar, si no me hubieran hablado?

El pensamiento simple es comodísimo. Yo tengo eses sesgo machista, planteo la pregunta, me atacan, «hay que ver estos feministas» y fin de la historia. La mujer no elige carreras STEM porque no le da la gana y punto.

Quizá se podría argumentar que yo soy el único responsable de mis ideas. Pero, ¿de dónde nacen esas ideas? De una noticia, de una vivencia, de un debate previo.

Igual que se plantea la situación inicial, pienso que todos tenemos la responsabilidad de debatir con quien muestre intención.

Las redes me han hecho cambiar de idea muchas veces. Sobre multitud de temas. A partir de debates que he leído pero, sobre todo, a partir de preguntas que yo mismo he planteado. Preguntas que otras personas han respondido, demostrando comprensión y paciencia.

No se puede debatir con todo el mundo, pero si vemos la mínima posibilidad de que la otra persona cambie de opinión en un tema que consideramos importante, pienso que debemos hacerlo. Sin intercambio de ideas no hay cambio de opinión posible.

E insisto: esta reflexión va mucho más allá de mi anécdota personal. La respuesta que me dieron ni siquiera fue hiriente. La anécdota me sirve para plasmar esta reflexión sobre la improductividad del ataque, y puede aplicarse también a temas como la fobia al colectivo LGBTI o el racismo. Son temas en los que es muy fácil llegar a un pensamiento simple y en los que es muy cómodo quedarse en ese pensamiento simple.

No dejemos que nadie se quede en el pensamiento simple si vemos la oportunidad de cambiarlo. La vida nunca es tan sencilla.

Quiero reiterar desde aquí las gracias a todas las buenas gentes de Mastodon y a las poquitas de Twitter que interactuaron conmigo a partir de la cuestión inicial y que me ayudaron a que mi visión sobre el asunto sea, por lo menos, un poquito más cercana a la realidad. Sois la esperanza de esta sociedad.

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