Seguimos necesitando bloqueadores de publicidad

En un mundo ideal, las páginas web pondrían publicidad que no molestaran a la navegación normal de los usuarios ni algún elemento que interrumpiera la misma. Sin embargo, esto no es así.

En 2021 seguimos necesitando bloqueadores, y lo más triste es que, en la mayoría de casos, debemos usarlos para bloquear mucho más que la propia publicidad. 

Antiguamente era muy habitual encontrarse con pup-ups, ventanas de publicidad que saltaban a traición cortándote la navegación con el único fin de que pincharas en publicidad. Los navegadores hace años que traen bloqueo para este tipo de ventana, pero estos supieron reinventarse. 

Actualmente es muy habitual entrar en una web y que aparezca una ventanita para pedirte que te unas a su lista de correo o que sigas al medio en redes sociales. No son pop-up como tal porque están en la misma web, pero yo las considero como tal porque lo único que hacen es interrumpir la navegación. 

A esto hay que sumarles nuestros queridos amigos los avisos de cookies y de GDPR. Una feliz idea de la Unión Europea que muchas webs han implementado como un aviso que ocupa media pantalla y que hay que aceptar sí o sí para poder navegar. Algo absurdo porque, por lo general, cuando uno entra en una web es para navegar por ella, y no se va a molestar en configurar lo poco que permitan. 

Por último hay que hablar de unos amigos que nos acompañan desde hace años: los botones para seguir en redes sociales. Pero no esos botones que son simplemente una imagen con un enlace al perfil, no: esos que indican el número de seguidores y que se basan en un código que envía datos a la red correspondiente avisando de cualquiera-sabe-qué. 

Por suerte, los bloqueadores más populares vienen precargadnos con listas de bloqueo que permiten ocultar todos estos elementos molestos sin sacrificar la funcionalidad de las webs. Ublock Origin para Chrpme o Firefox y AdGuard para Safari, añadiendo o activando la lista de I don’t care about cookies, nos permiten tener una navegación bastante más tranquila que la experiencia por defecto que nos ofrecen las webs. 

En un mundo ideal las webs pondrían banners publicitarios pequeñitos, los botones de redes sociales no se comunicarían con nadie, el enlace a la lista de correo estaría en la barra lateral y muchos creadores de vídeos no pondrían un anuncio cada minuto. 

Como esto no es así, yo sigo con mi bloqueador siempre activo, y solo lo quito en aquellos sitios que quiero apoyar realmente. 

¿Que hago mal? Pues sí. Pero hasta que no me respeten como usuario, que se fastidien.


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