El arte de dormir en el autobús

Cada vez que me subo en un autobús, me duermo. Es automático. Todos los días tengo 40 minutos de viaje, y a no ser que me ponga a leer o a escuchar podcast, me duermo, como muy tarde, a los 20 minutos. Y sólo me funcionan esos dos métodos. La música también me duerme. Pero muchos días soy yo quien quiere dormirse… y dormir en el autobús tiene sus trucos y sus reglas. Dormir en el autobús es un arte.

Todos sabemos que los asientos del autobús no pueden presumir de ser cómodos. Sólo los autobuses de viajes tienen unos asientos acolchados, y dado su poco espacio entre uno y otro, también acaban siendo incómodos. Dormir en los asientos de autobús es todo un reto. Dormir en ellos conlleva dormir sentado y en horizontal, más o menos reclinado en el asiento y con la cabeza alta, con las cabezadas que eso conlleva.

Las cabezadas son un elemento peligroso a la hora de dormir en un autobús. Si no las controlamos bien, podemos darnos un buen golpe con el asiento de delante y acabar el sueño con un chichón. Para dar una buena cabezada hay que controlar el cuello para que sólo sea un leve movimiento que no lleve al resto del torso detrás. Hace falta mucha práctica para conseguir el movimiento preciso que, como mucho, hace que choque nuestra barbilla contra nuestro pecho.

Pero igual de peligroso es caerse hacia adelante que hacia los lados. Si estamos al lado de la ventanilla, apoyarse en el cristal impide que podamos realizar nuestro breve pero placentero sueño, dadas las vibraciones de la superficie.

Si tenemos a otro pasajero al lado, ya sea a la derecha o a la izquierda, puede ayudar a confortarnos, pero esto tiene serios problemas. Puede que dicho pasajero sea un cascarrabias y te despierte de un golpe, o sacudiéndote violentamente. Y si no te sacude, cuando se baje él o termine tu sueño, te mirará raro y habrás perdido una almohada para la siguiente ocasión. Aunque es un buen método, no es recomendable si queremos tener cierto prestigio social. En el autobús hay que dormir solo, sin ayuda.

Si estamos en el asiento cercano al pasillo debemos conseguir que nuestro cuerpo tenga la suficiente fuerza para que no se caiga y hagamos el ridículo durmiendo en el pasillo o con un golpe en cualquier parte. Doblarse no es problema siempre y cuando no caigamos y siempre que no haya paradas cerca para que la gente no te golpee al subirse o al bajarse. Un buen truco es despertarse un segundo (pues el estado de sueño en el autobús no es del todo profundo) y colocarse en la posición inicial o bien en una segunda versión mejorada de esta. Postura para Dormir en el Autobús, PDA 0.2. Habremos de mejorar esta postura hasta conseguir la correcta para no doblarnos.

La PDA 1.0 llega cuando no nos apoyamos en el pasajero de al lado, ni en el cristal, ni echemos el cuerpo peligrosamente hasta el pasillo aunque sigamos dormidos, y, por supuesto, cuando no damos grandes cabezadas. Esta postura conlleva darle al cuerpo la suficiente robustez como para no movernos demasiado. La mía consiste en echar el trasero para adelante en el asiento y cruzar los brazos. Pero a veces falla. Si falla habrá que seguir perfeciconándola.

Un enemigo mortal de aquél que quiere dormir en el autobús es el pasajero generoso. Este pasajero nos verá dando cabezadas o doblados hacia el pasillo y nos despertará para ofrecernos su peligroso asiento al lado de la ventanilla. No debemos permitir que este pasajero nos despierte completamente o la misión habrá fracasado. Si nos despertamos completamente, el segundo sueño no será tan placentero como el primero.

El estado de somnolencia en el autobús no es profundo, como ya he dicho. Tiene sus grados, y tenemos que buscar el grado preciso para despertarnos (no del todo) cuando vayamos llegando a nuestro destino y despertarse cuando estemos cerca de ella. Estar en un grado de somnolencia mayor conlleva pasarse de parada y un sueño más largo, sí, pero puede traer consecuencias posteriormente.

Una vez consigamos la PDA perfecta, el grado de somnolencia adecuado y si tenemos la suerte de que no haya un pasajero generoso cerca, conseguiremos llegar a nuestro destino. Al bajarnos notaremos los huesos engarrotados, un posible dolor de cuello y seguramente estemos aún un rato con los ojos pegados. Pero hemos dormido en el autobús, y eso es lo único que importa.

Entrada basada casi-completamente en hechos reales

Publicado originalmente el 21 de noviembre de 2009

Imagen: Encontrada en Olumia Life

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