La importancia del contexto

El contexto lo es todo (o casi todo) en muchísimas situaciones. El contexto en que nos encontremos determina nuestra forma de hablar, de vestir, de movernos, de relacionarnos e incluso nuestra forma de actuar. Una misma acción puede tener un efecto u otro según el contexto donde se lleve a cabo, incluso hay sustancias que tienen un efecto u otro según el contexto donde se consuman.

Se podrían escribir (y de hecho, se escriben) muchas páginas para ampliar esta idea que yo he resumido en cuatro líneas, pero no me quiero poner espléndido. Tan solo quiero dejar aquí una pequeña reflexión a raíz de este tema.

El año pasado hubo una película que fue todo un fenómeno en taquilla: ‘Ocho apellidos vascos’ (este año quieren repetir el boom, pero dudo que les salga bien el tiro). Muchísima gente fue a verla, el boca a boca hizo el resto. Y yo, como ya conté, fui a verla aprovechando la Fiesta del Cine.

Y me reí. Mucho. A pesar de que la película es una comedia más bien mediocre con actuaciones normalitas, me harté de reír.

El hecho de que fuera la Fiesta del Cine lo explica todo. Por un lado, pagar 2,90€ de entrada en un buen cine hizo que no me hubiera dolido si la película no me hubiera gustado: sin ese precio ni siquiera la habría considerado. Por otro lado, mucha gente pensó igual que yo: todos íbamos dispuestos a reírnos.

Los chistes de la película se sucedían. Si no me hacían gracia, la risa de alguien de mi alrededor se me contagiaba igual que se contagia un bostezo o un estornudo. Daba igual que fueran más o menos atinados o evidentes: la gente se reía y yo con ellos.

Cuando pasaron los meses y aquellos amigos que no fueron al cine vieron la película de otros modos (ajem), me decían que cómo podía haberme reído tanto con lo crítico que soy yo para las películas, que ellos no se habían reído nada. Y mi explicación siempre es la misma: la vi en el cine rodeado de gente riéndose. Este contexto no tiene nada que ver con la soledad de una habitación o la compañía de una única persona.

Esto no es un alegato en defensa de la película (como he dicho, es bastante normalita). De hecho, si hubiera ido a una película de miedo probablemente me hubiera pasado lo mismo (solo que aquí no voy a hacer el experimento porque no me atrae nada la idea de pagar por pasar miedo), lo que busco es destacar la importancia de estar en el contexto adecuado.

La música se siente más en directo, el teatro funciona porque los actores te transmiten en el momento, un repertorio de carnaval siempre es mejor en la calle, y así podría seguir hasta el infinito. El contexto propicia que estemos más o menos a gusto, ofrece unas condiciones específicas que logran un efecto en nosotros y, en el caso de la cultura, el contexto adecuado puede ser la diferencia entre disfrutar algo o que ese algo cause una indiferencia total.

Imagen: Group Laughing, CC BY

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