Al contrario que la gran mayoría de entradas de este blog, este texto se publica justo después de su escritura. Y es que hoy, tras dos días de clase habitual, es buen momento para alzar la mirada al curso que empieza.
Lo cierto es que casi todo parecen buenas noticias. Instituto a diez minutos de casa y el primer contacto con el alumnado ha sido muy positivo.
Ese «casi» viene por varios motivos. Primero: me encargo de mucho alumnado, lo cual alarga las horas de revisión de trabajos y exámenes. Segundo: me estreno con un nivel que no he impartido nunca, lo cual supondrá mucho trabajo de preparación. Tercero: mi horario es horrible (al menos de momento, no sé si lo cambiarán). Todos los días entro a primera, cuatro salgo a última y tengo mucho hueco entre medias. El mal horario le tiene que tocar a alguien y me ha tocado a mí, qué le vamos a hacer.
Por otro lado, sigo en la academia de inglés en otro municipio, que además me cuadra con días en los que salgo tarde (normal, ¡son cuatro de cinco!). Trabajo, salir tarde, tren, academia y vuelta supone un desgaste físico y mental importante, pero ya he pagado el examen por lo que la fecha tope está lejos y cerca a la vez. Serán semanas muy intensas, pero después volveré al ritmo habitual. Es un sacrificio acotado en el tiempo y puede significar una mejora laboral importante en el futuro.
Por último, diría que este curso ya tengo mis herramientas bien engrasadas para afrontar los bajones de ánimos, que vendrán. El balance del curso pasado fue bastante positivo, y este espero gestionarlo aún mejor. No se trata de estar bien siempre pero sí de que el malestar no me incapacite para todo lo demás.
En definitiva, se plantea un curso tranquilo, en el que espero gestionar mis ánimos aún mejor, pero con nuevos retos por ese nivel en el que me estreno y por un primer mes bastante estresante entre el horario y la academia de inglés.
Veremos qué tal lo gestiono todo. Seguramente en navidad volveré a escribir sobre el tema.
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