Creo que el título es bastante descriptivo. Si no te interesan las batallitas tecnológicas puedes saltarte esta entrada, porque la dedico a dar muchos detalles totalmente innecesarios sobre un cambio de aparato que, al final, no me ha producido ningún tipo de satisfacción particular.
Las tablets y yo
Cuando empecé a trabajar compré un cuaderno para docentes en papel. Por mi problema de vista me era muy incómodo, así que pensé en un sistema de gestión docente en digital. En ese momento descubrí que las tabletas podían ser más que un juguete, un aparato para el ocio. Por entonces tenía una tableta Android (una BQ) y usé Additio App.
Cuando me dio el apretón burgués por pasarme a Apple, compré el iPad Pro de 10,5 pulgadas y pronto me pasé a iDoceo, una aplicación que me pareció claramente superior en todos los aspectos. De compra única, sin sincronización (creo que Additio App no funciona sin ella) y mucho más completa por entonces.
iDoceo se convirtió en una poderosa razón para que no me planteara salir de iPad cuando mi Pro se quedara viejito. Podría pasarme al cuaderno Séneca, la herramienta oficial que nos ofrece la Junta, pero su uso me parece tan ortopédico en comparación que no me merece la pena la investión de tiempo a menos que me obliguen.
El iPad viejito
El cacharro me ha durado sus buenos diez años. La pantalla ya amarillea por los bordes y tiene hundidas las partes donde más toco, pero la razón para cambiarlo no es esa.
Es mi principal herramienta de trabajo y el cacharro deja de recibir soporte oficial. No quiero ir con los datos de mi alumnado en un aparato no soportado, por más que funcione perfectamente con su iPadOS 17.
Incluso la batería, que en momentos pensé que me duraba demasiado poco, aguanta bien las sesiones de trabajo tan duras: si se drenaba más rápido es porque la conectaba mucho rato a una pizarra digital.
El iPad nuevo
Ahora mismo me duele donde la cartera porque he comprado un iPad Air M4.
Almacenamiento base de 128 GB. El anterior tenía 64 y ya me sobraba espacio porque no sincronizo prácticamente nada. El principal uso del tiesto es el trabajo, basta ir con lo mínimo. Ahora mismo, con lo necesario para mi día a día, me sobran 70 GB. Pero incluso aunque me descargara todos los vídeos que uso apra las clases me sobrarían más de 40.
Todo lo demás sigue exactamente igual. El cacharro llegó y lo configuré desde cero para no arrastrar posibles residuos de una copia de seguridad. Tardé mi buen rato por la manía de usar servicios descentralizados en vez de dejarlo todo en manos de iCloud, pero tras una tarde ya tenía el Air igualito al Pro.
Todo sigue igual
Y solté el cacharro. Y volví a cogerlo cuando quise leer algún artículo online o ver algún capítulo. Nada de trastear con Apple Inteligence, nada de probar juegos potentes, nada de mirar qué opciones trae iPadOS 26 con respecto a la versión 17. En el momento de escribir estas líneas ni siquiera lo he actualizado a la nueva versión del SO hasta que saquen la 27.1.
Lo único que me interesa es usar las apps que ya usaba, pero ahora en un cacharro soportado.
Y esto es una novedad para mí. No tener ilusión por un cacharro nuevo me demuestra que la tecnología se ha convertido en un medio, no en un fin.
Esta es la conclusión del artículo. Puedes saltarte el siguiente apartado si no te interesan aún más detalles estúpidos.
Accesorios
Cuando compré el Pro el bolsillo me dolió bastante más, porque me vine con unos Beats Solo (creo que eran regalados, ya los he tirado porque dejaron de escucahrse por un lado), un Apple Pencil de primera generación y una funda Smart Keyboard.
El Apple Pencil se me perdió. Compré otro, de segunda mano. Volvió a perderse. Por circunstancias tengo un Apple Pencil de segunda generación (en este no gasté), que no era compatible ni con mi iPad anterior ni lo es con el nuevo.
Y como el lápiz es útil en según qué momentos, he comprado un Apple Pencil Pro aprovechando una tarjeta regalo que me han dado por usar una oferta educativa. Sé perfectamente que es un gancho para gastar más y es precisamente lo que he hecho, pero mira, qué le vamos a hacer.
Donde sí que no vuelvo a picar más es con la funda-teclado. El Smart Keyboard me encantaba, y lo renové varias veces. Luego me di cuenta de que, muy seguramente, lo que fallaba no era la funda en sí sino el conector de la tableta, y quizá me hubiera ahorrado un buen dinero si lo hubiera pensado antes.
El caso es que las nuevas fundas-teclado de Apple, además de ser obscenamente caras, integran touchpad. Y yo no quiero touchpad en mi tableta porque me alejan de la pantalla, una de las principales razones de que no ordenador porátil muy a menudo. Por mi problema de vista yo necesito (y quiero) estar cerca de la pantalla.
La solución ha sido comprar una funda cualquiera para proteger el tiesto de golpes y un teclado aparte.
He estado un tiempo con un teclado eSynic plegable que ya usaba por último con mi iPad Pro. Un teclado que compré también por capricho para usarlo con el teléfono en ciertos momentos, unos momentos que nunca llegaron. Lo tenía en el cajón y encontró su uso con el iPad cuando llegué a esta increíble revelación. Lo he usado hasta que varias teclas de la parte izquierda han dejado de funcionar. Ahora he comprado un Logitech K380s que espero que dure bastante más, un teclado con muy buena fama.
No quiero ni pensar el dineral que me dejé entre fundas-teclado y lápices. Este soy yo fustigándome, algo que me encanta (nótese la ironía), pero ya está hecho y ya no más. El lápiz nuevo se queda en casa para que no se pierda, que al final es donde más lo aprovecho, y jamás compraré de nuevo un teclado específico de Apple. Ya me han timado suficiente.
En fin
Vuelvo al principio. He cambiado el iPad por (lo que yo considero) necesidad, porque podría haber seguido con el antiguo sin mayor drama. Y ya me el afán consumista de renovar accesorios se pasó. He llegado a ese punto en el que la tecnología se ha convertido en un medio para mi ocio o mi trabajo, y mi cuasi indiferencia ante esta renovación es claro indicativo de ello.
Ahora mismo quiero aprovechar los aparatos que tengo en la medida de lo posible, y espero que este iPad, el teclado y el lápiz me duern todo lo posible, para no plantearme el cambio, al menos del cacharro principal, hasta dentro de otros diez años. Espero que Apple le dé soporte durante mucho tiempo.
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