‘Onward’ (2020), más que una película épica

Esta película de Pixar no causó mucho revuelo ni antes ni después de su estreno. El estudio venía de varias películas secuela que no funcionaron del todo bien o que dividieron la crítica. Por mi parte, me esperaba una película menor, una aventura sin más. Por suerte, estaba muy equivocado: encontré una película que conectaba más conmigo de lo que nunca pude imaginar.

En primer lugar, el mundo que se nos plantea ya me atrae. Es una mezcla de mundo fantástico y el mundo moderno. Lo habitan criaturas mágicas como centauros o hadas, pero la magia ya casi ha desaparecido y disfrutan de comodidades modernas como los coches. Mundos parecidos a estos se han planteado ya en varias historias (puedo recordar Bright), pero no me he cruzado ninguna que lo haga de un modo tan natural.

En segundo lugar, se nos plantea una relación fraternal que deja por los suelos la de Frozen, con dos personalidades muy diferentes que se ven obligadas a convivir y entenderse para lograr sus objetivos.

A partir de aquí, destripes

Desde este punto hay destripes importantes de detalles de la trama. Recomiendo llegar a la película sin saber nada de todo esto. Avisados quedáis.

Siguiendo con la relación fraternal y yéndome directamente al final de la película, un hermano mayor realmente es como un padre. Con un hermano se comparte la vida, te protege y te enseña. Me vi muy reflejado en la relación que se nos plantea en la historia.

El personaje principal se margina él mismo y solo alcanza su potencial al final, debido a sus inseguridades. La relación con su hermano también influye mucho en esto. Es una situación en la que se pueden ver reflejados muchos adolescentes.

La furgoneta termina siendo como un personaje más: épico, emotivo y simpático su momento final, su «sacrificio». Fantástico como le ponen música épica, empieza a trotar como un cabello y le salen alas.

La madre empieza la película con una consigna motivadora, «soy una guerrera poderosa» (o algo así), y termina la película demostrando que realmente lo es, a su forma. Una madre que se preocupa y se desvive por sus hijos mientras intenta rehacer su vida. De nuevo, un personaje muy cercano y con el que es fácil empatizar.

Es una película con mucha carga feminista sin tener una agenda política clara. Un momento en el que se ve esto es cuando una policía dice que la hija de su novia le dio mucha guerra, sin darle mayor importancia. Al fin y al cabo, es algo cotidiano.

Otro personaje que me sorprendió es la mantícora: una rebelde que se ve sepultada por el mundo adulto, que pagar salarios e impuestos. Esto le quita la motivación y debe reencontrarse a sí misma.

Incluso hay tiempo para hacer una pequeña crítica al mercado: la espada que buscan la madre y la mantícora pasa de costar 10 a 10 mil por ser un objeto único.

Pervierten la imagen de seres fantásticos como las hadas, que aquí son macarras, o los unicornios, seres que suelen representarse como hermosos y elegantes, aquí comen de la basura.

La historia queda totalmente subvertida en su tramo final. Después de estar toda la película pensando que lo más importante era el padre al que querían ver, finalmente ni lo vemos resurgir ni escuchamos su voz del presente.

El mensaje de la película es esa relación fraternal de la que hemos hablado y la madurez de un adolescente.

La forma de plasmar el mensaje, con los elementos mágicos y este mundo tan particular, consiguen que ese mensaje, con el que me veo tan identificado, cale muy hondo en mí.

Sin lugar a dudas, Onward será una película que recuerde durante mucho tiempo y que revisitaré cada tanto, como ya hago con muchas otras del estudio.


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