¿Influye la cultura en la actitud de los jóvenes?

Este es un debate bastante viejo, creo yo: el hecho de si los modelos de conducta que se muestran en libros, películas, series y demás afectan negativamente a la actitud de los jóvenes.

Es innegable que la cultura tiene peso en la sociedad y se usa para moldear la actitud de los ciudadanos. En Japón, por ejemplo, el gobierno se ha adueñado de los símbolos que gustan a la gente para vender su discurso político, y el hecho de que en el manga o el anime los géneros estén tan marcados (no busques una relación homosexual fuera del yuri o el yaoi) realmente es señal de su tradicionalismo en este sentido. Lástima que no pueda encontrar el artículo donde leí todo esto.

Pero volvamos a tierras occidentales. Se pone de moda Crepúsculo, y saltan las alarmas porque Bella es una chica pusilánime que necesita al tío guapo y poderoso para que la salve, o por el hecho de que tenga a dos tíos guapos que la ven como un objeto de deseo. Se pone de moda Cincuentas sombras de Geay y saltan las alarmas porque Grey es un capullo que no cambia o cambia muy poco durante las tres novelas y porque establece una relación de dominancia con su correlativa femenina. Se pone de moda After, una serie de novelas juveniles (según mi entender, escritas regular) y saltan las alarmas porque se represente una relación tóxica en una novela para adolescentes. Incluso yo mismo me he planteado si está bien que los niños canten Despacito sin saber de lo que están hablando.

Y es que la contradicción es muy clara: mientras que ciertos sectores nos insisten en este discurso de género del heteropatriarcado, la diversidad y demás, en el cine, las series, la literatura juvenil e incluso la música los modelos que se repiten son los de siempre: hombre dominante que ve a la mujer como un objeto de deseo. Ya el grado de fortaleza de ella dependerá de una obra a otra. Puede entenderse incluso que es un efecto rebote de este discurso, aunque no me atrevo a afirmar tal cosa porque hay compañías que están cediendo ante las exigencias de ciertos grupos de presión relacionados con este tema.

Por suerte, cuando uno trata con adolescentes se da cuenta de que nuestros jóvenes pueden ser cualquier cosa, pero no imbéciles. Ellos saben perfectamente (al menos en un buen porcentaje) que el reggaeton es para perrear, que las relaciones de las novelas mencionadas anteriormente son tóxicas, que ellos no las quieren para sí y que en el cine y las series hay muchísima violencia.

Se lo encuentran, lo disfrutan y pasan a otra cosa. Se quedan, en todo caso, con aquello que les cause una reflexión o les sea útil. igual que hemos hecho todos, siempre.

Yo guardo con mucho cariño el hecho de que un alumno empezara a tocar el piano por una canción que le puse yo durante una guarda, en mi primer año de trabajo. Y que el grupo que tocaba esa canción se hubiera convertido en su favorito. Es un caso cercano de que la cultura, más que aportar valores negativos, motivan a nuestros jóvenes a mejorar.

Otro caso personal. Últimamente mis amistades son menores que yo (hablamos de tres o cuatro años, lo cual se nota en los tiempos que corren), y una en particular me dice que ha crecido leyendo Crepúsculo. No es machista sino más bien todo lo contrario.

Para concluir, la respuesta corta a la pregunta que se plantea en el título es no: la cultura no afecta, al menos no de una forma notable, en la actitud de los jóvenes. Diría que durante toda la historia reciente (pongamos, cincuenta años) hemos tenido modelos conductuales que podemos considerar reprochables (la violencia en el cine o en los videojuegos, sin ir más lejos) y las ciudades siguen en pie. Hoy yo, como adulto, me preocupo por estos temas igual que muchos otros se preocuparon cuando mi generación estaba creciendo, y la respuesta siempre es y será la misma: no.

Si me paro a pensar, me preocupa más que se exponga a nuestros jóvenes al ya mencionado discurso del odio hacia ciertos colectivos supuestamente privilegiados y el hecho de que se esté legislando para validarlo que todas las canciones de reggaeton de la radio o todas las relaciones tóxicas de la literatura.

Imagen: PXhere, CC0.

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