Paseo por la playa

Hace unos días, mientras paseaba por la orilla con buena compañía, oía la conversación sin prestar mucha atención. Mi piel, de un blanco impoluto solo estropeado por las partes del cuerpo que van fuera de la camiseta, se tostaban por el sol. Yo notaba cómo mis pies se hundían en la arena mojada al ritmo de mis pasos y al capricho de las olas. Aproveché el propicio escenario para reflexionar y echar la vista atrás, más allá de las huellas en la arena, una actividad a la que dedico más tiempo del debido últimamente, con la esperanza de que esa reflexión, que da lugar a este texto, sirva para reducirlo.

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