Ya no soy tan joven

Aceptar la adultez es algo que me cuesta. Será porque sigo disfrutando como un enano cunado veo cine de animación, por ejemplo, o porque mis hábitos no han cambiado en gran medida desde hace bastantes años. Sin embargo, hay varias circunstancias que me obligan a aceptarla, o al menos a darme cuenta de la cruel realidad de que ya no soy tan joven.

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