Los supermercados son sitios agobiantes

Ir a comprar es uno de las costumbres más cotidianas que podamos encontrar en nuestro día a día. Forma parte del cuidado de la casa, y tarde o temprano es una obligación a la que no podemos faltar. Yo soy muy defensor del comercio local: me gusta, siempre que puedo, ir a comercios de barrio. Pero hay veces en las que me resulta inevitable ir a un gran supermercado, o lo que es peor, a un centro comercial.

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A dos centímetros de la cara

No necesito tu lástima. No necesito tu falsa admiración.

Si ves que tengo problemas de vista es porque yo me acerco el móvil a dos centímetros de la cara en mitad de la calle. Porque no me escondo. No me quedo en mi cuarto lamentándome de mi suerte, y me da igual que mires descaradamente o cuchichees con tus amigos. Me da igual que te rías.

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La vida con deficiencia visual

Hay algo sobre mí que muy poca gente sabe. Muy poca gente de la que me ha conocido por la red y que no haya desvirtualizado, porque es algo que se nota. Y no lo saben no porque sea mi intención ocultarlo; más bien porque, a la hora de presentarse a alguien en la red, no es un dato importante. ¿Qué más da cómo sea la persona que está al otro lado de la pantalla, si se puede mantener con ella una conversación interesante? Ahora creo que es un buen momento para contarlo. Así quien me siga sólo en la red conocerá un aspecto muy importante de mi, y puede que este texto sea útil a algunas personas.

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