El software como ser-vicio

En las conferencias que Richard Stallman ha impartido por España durante diciembre (un ejemplo y otro, parecidas, la segunda quizá un poco más amplia y detallada), hace referencia al concepto de software como ser-vicio. Se refiere a la informática que se ejecuta en el ordenador de otro (es decir, prácticamente cualquier servicio de la red): aunque el programa que se ejecuta en el otro ordenador sea libre, el usuario no tiene la copia, con la cual el dueño puede hacer lo que quiera sin que éste lo sepa, y transmite la información a un ordenador del que no tiene ningún control.

En estos días es difícil no usar algún servicio de la red. No me refiero ya sólo a un buscador, a una red social o a un servicio de mensajería centralizados, sino también a servicios basados en software libre tales como instancias gratuitas de OwnCloud, Poche, un nodo público de Pump.io, un pod de Diaspora, o cualquier servidor de XMPP/Jabber.

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Telefonía móvil basada en software libre

Actualización 12/2018: He grabado un audio en Tecnoilógicos sobre las últimas novedades a este respecto, puesto que el panorama ha cambiado bastante.

Desde que los smartphones llegaron a nuestras vidas, estamos acostumbrados a ver iPhones, teléfonos Android de diferente gama y, últimamente, algún que otro Windows Phone. Los tres tienen algo en común: su carácter eminentemente cerrado. Pero, ¿es posible obtener un teléfono que tenga instalado algún SO basado en software libre, sin necesidad de alterar un dispositivo que no lo traiga de serie?

Aunque la base de Android sí es software libre, versión tras versión Google se adueña cada vez más del sistema, hasta llegar a integrar los SMS con su aplicación privativa Hangouts, y la mayoría de dispositivos no introducen modificaciones hasta el punto de cambiar esto. Al contrario: introducen más aplicaciones propietarias, de modo que el control de nuestro teléfono cada vez es menor (por suerte aún podemos deshabilitar aquellas aplicaciones que nos incomodan, sin necesidad de modificar el aparato).

Sin embargo, desde hace un tiempo la situación parece que cambia poco a poco, y cada vez son más las opciones que tenemos para disfrutar de teléfonos basados en software libre. Desde mi punto de vista, FairPhone, Jolla y los aparatos con Firefox OS son las más interesantes, y nos permiten tener un teléfono con la tranquilidad de que nadie va a hacer de las suyas.

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Charla TED sobre la NSA y PRISM

Mikko Hypponen: How the NSA betrayed the world’s trust — time to act (Cómo la NSA traicionó la confianza mundiai: hora de actuar)

Una charla TED sobre la NSA, las consecuencias de su vigilancia global, la falacia del «no tengo nada que ocultar» y una propuesta de solución. De momento no hay subtítulos en español, pero sí en ingléss, y puede verse la transcripción completa en dicho idioma. Si tienes buen nivel, recomiendo encarecidamente verla. Destaco aquí el final de la intervención (traducción y negritas por mí).

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La generación de las cabezas gachas

Hay mucha gente que han accedido a la tecnología hace poco tiempo, con el boom de los teléfonos «inteligentes». O, al menos, muchos han empezado a usarla con más frecuencia cuando sucedió este hecho. Y ahora los adolescentes, en lugar de pedir el Messenger para hablar con sus amigos cuando llegaran a casa, tienen todo internet en el móvil, y el móvil todo el día en el bolsillo, con la tarifa de datos activada.

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El lector de feeds como único centro de noticias

La idea detrás del lector de feeds es tan simple como potente: leer todas las novedades de aquellos lugares que te interesen sin tener que acceder a ellos uno a uno. Te suscribes y todas las novedades llegan a una aplicación, ya sea web, de escritorio, del móvil o todo a la vez, para que estés al tanto de todos los temas que te interesan.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte se pregona la muerte de los RSS, y por una vez estoy de acuerdo: cada vez se usan menos, sobre todo en los sitios que no van destinados a la creación de contenidos como tal. Plataformas como Facebook o Twitter dificultan el acceso a sus feeds (de hecho, Twitter ya no los soporta oficialmente) para que los usuarios accedan a ellas y las usen como centro de noticias. Y, de hecho, les va francamente bien: no son pocos los casos que conozco de personas que usan las redes sociales para estar al tanto de las noticias.

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En YouTube nos enseñan el Cádiz que no quieren que veamos

Cádiz es una ciudad maravillosa. Todo aquél que entra en ella se enamora por el encanto natural de sus calles, por su cultura, por sus playas, por su gente… El Ayuntamiento aprovecha todos estos factores para atraer el turismo, e intentan convencernos de que ese es el mayor foco de riqueza de la ciudad. Pero, aunque eso fuera cierto, no parece que cuiden demasiado ciertas zonas de la Tacita y, sobre todo, no cuidan a sus ciudadanos como se merecen.

Se preguntarán que cómo sé todo esto. En primer lugar, aunque no viva en la capital, voy a menudo para disfrutar de sus muchos atractivos, y hay ciertos problemas que saltan a la vista. Es inevitable preguntarse por qué el Ayuntamiento gasta tanto dinero en monumentos y grandes obras (que en muchas ocasiones son para peor) y no en asuntos más urgentes y necesarios para el ciudadano. En segundo lugar, porque he encontrado quien me lo cuenta y me lo explica.

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La dificultad de seleccionar en internet

Recuerdo una época (no muy lejana, aunque lo parezca por la velocidad en que se mueve la red) en la que se prodigó otro de estos términos que yo llamo «modernitos» aplicados a internet: la «curación» de contenidos. Yo pensaba que la curación es lo que ocurría cuando se te cierra una herida, y no iba desencaminado: con eso de «curación» se referían a la clásica pero menos moderna «selección».

Cuestiones terminológicas aparte, esos servicios seleccionan el contenido por el usuario, aquél contenido que, se supone, le resultaría más interesante en base a los temas que indicara y el historial de lecturas. A mayor uso, mayor precisión. Estos servicios no hacen más que confirmar una idea, ni nueva ni revolucionaria: en internet, como en la vida, hace falta seleccionar.

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Tecnología perdurable

Últimamente paso mucho tiempo entre el ordenador y el móvil. Trasteo, investigo y aprendo. Este tiempo lo podría emplear en otras aficiones, como la lectura o el cine, con las que me siento mucho más cómodo y me llenan más. Dentro de nada tengo que preocuparme en serio por mi futuro profesional, de modo que se verá muy reducido.

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Whatsapp, una imposición innecesaria

No conozco bien la historia de WhatsApp, esa aplicación que ha sustituido a MSN Messenger u otras formas de comunicación desde la masificación de los smartphone. Supongo que todo se resume en «quien llega primero golpea dos veces», y aunque hay alternativas, es lo que más se usa y por ello ha triunfado. Esto no evita que, para mí, WhatsApp sea una imposición, y una imposición innecesaria, por destacar uno de los muchos adjetivos que se le pueden atribuir a esta aplicación.

Actualización: Como bien comenta César, en esta entrada trato la aplicación como un chat más que como un reemplazo de los SMS, que es su objetivo primero. Lo veo así porque puedes entrar en grupos con gente que no tienes en tu lista de contactos, por citar un ejemplo, y por el uso que mis contactos hacen de él.

Actualización 2 (10/01/14): Dado el alcance de la entrada, he modificado un par de detalles inexactos.

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Filólogo linuxero

Instalé mi primera distribución el 11 de septiembre de 2006. Guadalinex 3.1, una calamidad. Antes ya usaba software libre en Windows, programas tales como GIMP o aMSN. Y desde entonces no he parado.

Este año hará siete que uso GNU/Linux, un número no demasiado espectacular, pero hay algunos datos que me enorgullecen al recordarlos hoy. Hasta agosto de ese año no tuve PC propio (usaba uno “heredado”), y al parecer tardé menos de un mes en instalar Linux. Ya en el PC anterior hice un intento de instalar Suse, con lo que conseguí borrar mi disco duro.

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