Creación: La mejor poesía

Hace no mucho tiempo, lectores y crítica coincidieron en que se compuso la mejor poesía de todos los tiempos y lugares. Quien la escribió, quienquiera que fuese, tuvo siempre inquietudes literarias, y desde temprana edad comenzó a leer clásicos de la literatura universal. Muy pronto empezó a escribir, primero sólo para si, sin que nadie supiera de su afición, hasta que por fin eligieron uno de sus manuscritos y publicó su primer poemario, al que siguieron muchos otros.
Dominaba todos los estilos y todas las formas. Escribía sencillo, enrevesado, verso libre, verso rimado, endecasílabos, octosílabos, usaba la metáfora con maestría. Con sólo proponérselo elaboraba el poema más oscuro, un poema que mantenía ocupados a los intelectuales años y años para intentar desvelar los entresijos de sus símbolos. Incluso llegó a escribir por encargo, ya que su facilidad a la hora de componer hacía que pudiera tratar cualquier tema, universal o particular. Todos se habían tratado con anterioridad, sólo tenía que buscar la referencia adecuada. Y conocía muchas, ya que había leído cuanto se cruzó en su camino.
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Creación: ¿Un esmar qué?

—¡Hombre, Juan! Veo que has cambiado de móvil. Y no veas qué bicharraco te has comprado. Te ha tenido que salir por un ojo de la cara, ¿no?
—Calla, calla, que yo los cacharros estos ni los entiendo ni nada. Pero claro, te llaman los de Naranje, con esas muchachas extranjeras con la voz tan bonita y que dicen palabras tan raras que al final acabas picando.
—¿Pero cómo te vas a comprar un móvil que no sabes usar? ¿No tenían algún otro que se adapte más a tus necesidades?
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Creación: El hombre lobo con alopecia

Era una noche de Halloween. O de «jalogüín», como decía el abuelo. Todos estaban contando historias de miedo alrededor de la chimenea, y todos escuchaban atentamente. Incluso el abuelo, que pensaba que cómo podían celebrar una fiesta de origen extranjero como si fuera una tradición propia. Tenía curiosidad por esas historias de terror, pero llegó un momento en que se cansó.
—Bah —protestó—, todo eso son tonterías. Duendes, vampiros, monstruos con muchos tentáculos… ¡Tonterías! Como si las cosas que existen no dieran ya suficiente miedo.
Se quedó un tiempo meditando, ante la decepción de su familia, que esperaba una historia de algo real que diera miedo. El viejo captó sus ansias y dijo:
—¿Queréis una historia real? De acuerdo, os la contaré. Hubo una época en la que había muchos hombres lobo…
En ese momento todos sus nietos le interrumpieron muy indignados:
—¿No decías que nos ibas a contar una historia real?
—¡Claro que sí! ¡E iba a hacerlo antes de que me interrumpieras!
—¡Ja! —exclamó uno de sus nietos, el más impertinente— ¡Y empiezas hablando de hombres lobo!
—Vamos a ver —dijo el viejo, muy tranquilo—. ¿Tú has visto duendes, monstruos con tentáculos o vampiros? ¿No, verdad? ¡Pues yo sí que he visto lo que os voy a contar! Puedes creértelo o no, como te crees esas historias que cuentas, pero esto es tan cierto como que aún tengo en mi cuerpo una marca a consecuencia de este relato.
Todos se callaron y el viejo empezó a contar.

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