Pensamientos sobre los libros de texto

Ah, el libro de texto. Ese compañero de aventuras para unos, ese enemigo a abatir para otros. Muchos ríos de tinta se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre este tema y, por qué no, yo también voy a escribir mi pequeño afluente. Son pensamientos algo dispersos, no busco una conclusión clara sino simplemente ponerlos por escrito y leer posibles comentarios.

Está de moda criticar los libros de texto. Representan lo mismo de siempre: la clase magistral, el alumno en una posición pasiva que solo oye, lee y subraya, un alumno que se hace dependiente del libro; actividades idénticas desde el inicio de los tiempos, perpetúan una forma de enseñar propia de otra época…

Hay libros que casi tienen nivel para prepararse una oposición. En mis pocos cursos como docente coincidí con un libro de tercero de ESO (recuerdo a los lectores que enseño Lengua) donde se hacía un análisis comparativo de la figura del héroe desde la antigüedad hasta el Quijote. Casi nada. O se analizaba cada mínimo detalle de las Coplas. Esto, indudablemente, hace que el libro de texto sea un impedimento más que una ayuda. Aunque también está el extremo contrario: libros que dan información incorrecta e incluso peligrosa, aunque de estos he visto más ejemplos en primaria que en secundaria.

Otro gran problema son los libro con actividades inútiles, con muy pocas actividades o directamente sin actividades. Es lo que más necesita un profesor: actividades útiles para afianzar lo aprendido. He trabajado con libros de Bachillerato con dos o tres actividades por punto tratado si las tenía y, desde luego, son las mismas de siempre pero insuficientes en número.

Por suerte, los docentes de Lengua ahora mismo contamos con unos libros elaborados de manera altruista y que permiten su libre uso: los Libros Marea Verde. No son la panacea, tienen fallos, pero al menos permiten tener una alternativa para exponer la teoría y se puede encontrar alguna actividad interesante (aunque este es un claro ejemplo de lo que comenté anteriormente: adolece de actividades, tanto en número como en utilidad).

Estos problemas llevan al docente preocupado a tomar algunas medidas. La más evidente: crear unos apuntes propios, basados en libros de aquí y de allí o en apuntes de compañeros que ya han trabajado el material anteriormente. En este punto me encuentro yo.

Otra medida es tener una especie de libro de texto alternativo: el blog de aula, un lugar donde colgar la teoría, ejercicios interactivos de repaso y propuestas de proyectos, con el objetivo de complementar o sustituir el libro de texto principal.

Todo lo dicho hasta ahora parten de la idea de que el libro de texto sigue siendo necesario en según qué contextos. En primer lugar, el profesor novato necesita un material en el que apoyarse porque no tiene ni la experiencia para explicar ni el repositorio de apuntes propios necesario para prescindir de él. Haría falta un departamento muy bien organizado que haya recopilado y ordenado material propio durante años para prescindir de un libro de una editorial, y aun así habría padres que requerirían un libro de texto (para algunos estudiar con fotocopias es una especie de afrenta a su posición social).

Cuando veo las metodologías que se van afianzando como la clase invertida o el aprendizaje basado en proyectos todo me parece fascinante, pero sigo viendo sus problemas. El más evidente, aunque esté alejado de esto, es cómo introducir las cuestiones «feas» del currículum como la sintaxis en un proyecto.

Y es que, a no ser que coincida con una clase muy buena, los alumnos siguen necesitando el libro de texto. Muchos alumnos necesitan que el profesor les guíe paso a paso por lo que deben hacer, y eso, sin libro, es muy complicado.

Hablo aquí de la necesidad del libro como soporte de apoyo, pero no quiero que con esto se piense que debe ser el único o que la evaluación debe basarse únicamente en lo que en él se dice. A partir de la teoría yo he propuesto vídeos u otras actividades fuera de lo habitual que son evaluadas con su peso en la calificación.

He visto compañeros que basan su actividad exclusivamente en el libro y eso, evidentemente, no me parece correcto: un alumno de hoy agradece multimedia para contextualizar lo aprendido, agradece actividades alejadas de las propuestas en el libro y un largo etcétera. Como he dicho, el libro de texto, si se usa, debe ser un soporte sobre el que construir, no el edificio en sí.

Para darle un cierre a esta entrada, dejo en el aire varias preguntas, y puede sustituirse «libro de texto» por «buenos apuntes propios» (al igual que en toda la entrada). ¿Cómo guiar a ciertos alumnos sin libro de texto? ¿En qué se basa el docente novato sin un soporte auxiliar? ¿Son capaces los departamentos de tener el suficiente material para prescindir de ellos? ¿Son capaces muchos docentes de prescindir de ellos?

Prescindir del libro de texto en educación no me parece utópico porque no estoy seguro de que las alternativas construyan esta utopía. Es necesario usarlo con cabeza y en su justa medida, como todo.

Espero comentarios con el deseo de que haya un debate sano y pueda sacar alguna conclusión.

 

Autor: Adrián Perales

Profesor de Lengua y Literatura. Aprendo para enseñar, enseño para aprender. Apasionado de la cultura y el software libre.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *