Dejemos trabajar a los nuevos gobiernos locales

Una sala de un ayuntamiento

Antes de nada, me posiciono. No soy polemista, al igual que no estoy completamente de acuerdo con ninguna formación política. No negaré, sin embargo, que las formaciones locales derivadas de Podemos me parecen muy interesantes, y me alegro de que se les dé una oportunidad. Quizá por esta simpatía (aunque prefiero pensar que es sentido común) no entiendo la campaña de acoso y derribo que veo en mi entorno hacia los equipos de gobierno.

Por una parte tenemos a la oposición, representada principalmente por los partidos que gobernaron anteriormente y que, en lugar de tender la mano y ayudar a esos políticos (según ellos) tan novatos e incapaces de gestionar los ayuntamiento, en lugar de hacer una oposición en positivo, se dedican a incordiar. Lanzan notas de prensa que se pueden resumir siempre en “yo antes lo hice mejor y lo haría mejor ahora”, votan en contra de cualquier medida ya tenga sentido o no, exigen un comportamiento que ellos no tuvieron y, en definitiva, hacen lo que sea para ralentizar las decisiones.

Pero lo más sorprendente no son estos comentarios de la oposición (después de todo, son políticos) sino muchos de los comentarios que se leen por parte de la ciudadanía. Además de pedir cuentas ante lo que no se considera correcto (algo deseable y sano), se piden puestos de trabajo desde el minuto uno (algo que, imagino, no debe ser fácil de afrontar en los tres primeros meses de gobierno), se tacha de incompetentes e incluso se piden dimisiones. Los ciudadanos que criticaban a los que gobernaban anteriormente ahora no dan ni un pequeño margen a los nuevos.

En esto que quieren hacer pasar por democracia, una de las pocos medios de decisión que tenemos es el voto. Igual que pasó en mi pueblo con el partido anterior: se echó al alcalde que había estado treinta años, este nuevo partido triplicó la deuda con obras innecesarias, se ha votado a otro partido y ahora los anteriores se hacen los dignos. Si los podemistas no cumplen, se les quita del sillón y a seguir probando, que alguien habrá que lo haga medianamente bien.

No voy a negar lo innegable: de momento se han dedicado sobre todo a una llamada «política de gestos», pero yo veo cómo proyectos importantes no salen adelante, o se ralentizan, por la oposición, y ante cualquier comunicado, la gente salta al cuello. Personalmente prefiero darles al menos un año de margen: si el año que viene siguen sin hacer nada, entonces yo también criticaré.

Quizá esto ha sido así desde siempre y yo me doy cuenta ahora que presto más atención. En cualquier caso, por la mencionada simpatía a los partidos locales o porque siempre he tenido claro que no votaré a los dos de siempre, mi impresión es que estos nuevos gobiernos no han tenido ni cien días, ni sesenta y casi ni uno: no disponen del beneficio de la duda, y eso tampoco me parece justo.

La cúpula de Podemos a nivel nacional ya tal.

Imagen: Panoràmica del Saló de Cent, CC BY-SA Xavier Caballé

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