Los videojuegos ya no son para mí

Nunca he sido un gran videojugador (ni por el número de horas que le dedico ni por mi habilidad con el mando), pero he sido y soy poseedor de varias consolas. Primero casi todas las tardes, luego solo en épocas de vacaciones, siempre me ha gustado echarme mis partidas, en un primer momento a juegos que me entretuvieran (casi todos), y más tarde a aquellos que me ofrecieran una buena historia (también muchos).

Las consolas que han pasado por mis manos han sido Sega Saturn, Playstation, PS2, PSP, Nintendo DS y PS3. También he jugado bastante en emuladores (SNES sobre todo, para probar los Final Fantasy antiguos). Aún recuerdo con cariño mis partidas al Tombi! 2, Spyro, el mencionado Final Fantasy (mi favorito, el IX), Kingdom Hearts (de los pocos juegos que he pasado al 100%) y GTA (todos lo hemos jugado antes de los 18).

Siempre he sido de PlayStation, y en PS3 he llegado a comprar bastante. Los juegos exclusivos de Sony han llamado mi atención más que los de la competencia, y los otros solían ser multiplataforma. Las consolas de Nintendo me atraían solo por los Zelda (de hecho, los de DS fueron los únicos juegos que disfruté en dicha consola), y la de Microsoft, solo por Mass Effect, y acabó por llegar a PS3.

Sin embargo, con la nueva generación (que ya no es tan nueva: PS4, XboxOne, WiiU) los videojuegos han dejado de llamarme la atención casi por completo. Anteriormente estaba muy bien informado de novedades, estaba suscrito a portales con muchísimas noticias al día sobre el mundillo, para no perderme nada, aunque no comprara ni una cuarta parte de videojuegos cuya existencia conocía. Ahora podría dejar de leer sobre el tema y no lo echaría de menos.

Las razones de esto son varias. En primer lugar, la unión de mis circunstancias personales y mis preferencias (últimamente jugaba a la consola y sentía que podía aprovechar mejor el tiempo de cualquier otro modo, aunque fuera viendo una serie tonta en el ordenador), pero lo más importante es que los aparatos en sí han dejado de llamarme la atención, y los juegos que veo no consiguen que me pique el gusanillo de comprarlas.

Las consolas son, cada vez de un modo más evidente, ordenadores capados a gusto del fabricante. Algunos ejemplos de mi PlayStation 3: para poder jugar online es obligatorio tener la consola actualizada y se necesita una cuenta en la red de Sony, no reproduce MKV pero sí Blu-ray, o el hecho de que quitaran funciones que tenía originalmente (instalar sistemas GNU/Linux, por ejemplo). En PS4 parece que ocurre exactamente lo mismo, con el agravante de que ahora el online es de pago, y en XboxOne y WiiU la situación no parece mucho mejor.

Aunque sé que acabaré picando cuando salga algún juego que me convenza, en principio prefiero gastarme el dinero en un buen PC de sobremesa para probar juegos independientes (hay muchos y muy buenos) o antiguos (esos grandes clásicos desconocidos), así podré instalar una distribución GNU/Linux completa y tener un aparato controlado por mí. Sin embargo, a este pensamiento se opone el siguiente: el ordenador nunca ha sido un lugar de juego. He tenido mis épocas, pero siempre muy breves.

Soy totalmente consciente de que el atractivo de una consola al final son sus juegos exclusivos, y aquí llego al último punto: en el tiempo que llevan las nuevas consolas en el mercado, pocos juegos llaman mi atención. Final Fantasy XV, Kingdom Hearts III, Uncharted IV podrían hacer que comprara una consola, pero todavía no están disponibles, y no sé si hoy en día llegaría a exprimir tanto los mencionados RPG como antiguamente (por último prefería juegos con una historia más cerrada y menos horas de juego).

Si os habéis fijado, los tres juegos que llaman mi atención son secuelas. Los videojuegos padecen el mismo mal que el cine: gusta mucho una secuela, ir sobre seguro. En la generación anterior hubo bastantes títulos nuevos, pero muchos acabaron convirtiéndose en saga y perdiendo su gracia (caso claro: Assassin’s Creed), y aún colean hasta hoy. No he visto ningún caso así en las nuevas consolas, de momento.

Es posible que mi época como videojugador ya haya pasado. Muchas veces pienso que es bueno soltar lastre, que las personas evolucionamos y nuestros gustos con nosotros. Pero conociéndome lo más probable es que tarde o temprano aparezca un juego que me haga buscar el mando.

Autor: Adrián Perales

Profesor de Lengua y Literatura. Aprendo para enseñar, enseño para aprender. Apasionado de la cultura y el software libre.

7 opiniones en “Los videojuegos ya no son para mí”

  1. Me pasa exactamente lo mismo que comentas. Ya no me llaman apenas los videojuegos de consola y menos los de grandes empresas. Curiosamente han empezado por el contrario a atraerme varios juegos indie y no por el factor nostalgia si no por la capacidad creativa de por sí (en un principio minecraft y ahora, the last door, they bleed pixels, nihilumbra y papers please). Tampoco es que se diga que tengo mucho tiempo para jugar, pero sí, los juegos han perdido su esencia de “juego” y se han convertido en cuenta cuentos come horas.

    1. The Last Door me parece genial. De los demás que mencionas solo conozco Papers, please, que también me llama la atención. Desde luego, los indies son mucho más interesantes que grandes producciones, sobre todo para consolas grandes.

  2. Yo también he vivido tiempos mejores como videojugador :þ.
    Ahora casi nunca juego. Tengo la Wii conectada al salón y la última vez que jugué fue para preparar los reyes de mi sobrino ;). No es que los videojuegos me gusten menos que antes, es que, en cierto sentido, me parece que estoy perdiendo el tiempo cuando juego. Y me siento culpable xD. Incluso cuando luego procrastino por otros medios. Pero no sé: es una actividad que consume bastante tiempo y no puedes compaginarla con la realización simultanea de otras tareas. Y pues eso: que apenas juego. Y no es por falta de tiempo. Es que simplemente prefiero emplearlo en otras cosas.
    Tampoco echo la culpa a la actual industria. Siguen habiendo juegazos como la copa de un pino. La cantidad de estos no importa tanto. Nunca lo ha hecho. Salvo que te dedicaras en cuerpo y alma sólo a jugar, claro.

    1. Toda la razón respecto a la cantidad. Si me pongo a pensar puedo enumerar bastantes juegos geniales de PS3 y de generaciones anteriores. El problema con la actual generación es que, simplemente, no me llaman, y ese “sentimiento de culpa” que mencionas.

  3. A mí me pasa igual, salvo que nunca tuve videoconsola, a veces jugaba en casa de primos y amigos sin pasar muchas horas. El PC y lo que permote aprender y crear más allá de los límites de los juegos resultan más interesantes y reducen la sensación de improductividad.

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