En defensa de la RAE

Jamás pensé que me vería escribiendo algo así, porque yo fui el primero que critiqué a ultranza a la RAE cuando estudié Sintaxis, cuando en su Esbozo no parecía dar una, de acuerdo con las (para mí) convincentes explicaciones de mi profesor. Pero últimamente veo que en todas partes se desprende un odio muchas veces irracional hacia esta institución, sin siquiera entender su labor o, más sencillo, leer las palabras con que enuncian sus recomendaciones.

Para muestra, un botón. Ved esta entrada de DesEquiLIBROS en la que se recogen las palabras de la Academia con respecto a una expresión que considera poro recomendable por ser un calco del francés, y luego pasaos por los comentarios, que casi literalmente se echan al cuello del pobre autor argumentando que la Academia es poco menos que imperialista por querer imponerse a los pobres hablantes del español.

Por si no tenéis tiempo o ganas, trata sobre la construcción “sustantivo + a + infinitivo” (del estilo “los temas a tratar”), y cito textualmente de la entrada:

Estas estructuras, provenientes del francés, suelen considerarse inelegantes y normativamente poco recomendables.

Poco recomendables. Lo cual no quiere decir que los académicos tengan una pistola en nuestra sien y estén dispuestos a apretar el gatillo en caso de que las usemos, que es lo que mucha gente parece entender. La Academia señala como válidas ciertas expresiones, aunque siempre recomienda otras propias de nuestro rico idioma.

Siempre se habla de recomendable. No hay prohibiciones. La RAE no prohíbe, da pautas y señala usos que se consideran correctos, ya no hace falta fijar unas normas inamovibles de ortografía y gramática como en el siglo XVIII cuando se fundó, cuando cada autor escribía un español distinto. En el caso de la expresión de la entrada citada, por mucho que la estructura lleve con nosotros desde el siglo XIX, mientras siga restringida en ciertos ámbitos y no sea ampliamente usado, la RAE no recomendará su uso. Sólo hace falta leer.

Luego está el tema del diccionario y la españolización de palabras. «Güisqui, qué barbaridad, quién en su sano juicio va a escribir eso». Desde mi punto de vista, muy poca gente, y me incluyo. Pero es la forma que la RAE recomienda, y si se quiere ser correcto a la hora de escribir, debería usarse. Lo cual no quiere decir que un texto donde veamos whisky sea incorrecto, ya que se usa muchísimo.

Qué calamidad que acepten en el diccionario palabras como “cederrón” o el vulgarismo “asín” (aun señalando que es eso, un vulgarismo), cuando hay otras palabras que aún no han aceptado. Y aunque yo mismo piense que la recogida de palabras sigue criterios más bien extraños, volvemos a lo mismo: una palabra no es incorrecta o menos importante porque el DRAE no lo recoja, si su uso es muy común en un ámbito.

Lo último más sonado fue la tilde en palabras como “solo” o “este”, tema que aún colea. La Academia dio razones para no tildarlas, y todos los medios empezaron a buscarle las vueltas a expresiones, muy poco usuales en realidad, para defender que sí se deben tildar. La Academia da unas razones, no se lo saca de la manga. Y el argumento definitivo es que «a mí me enseñaron que se tilda y voy a seguir haciéndolo». Pues muy bien, oiga, aquí paz y después gloria.

Se esgrimen argumentos como que la lengua está viva y que son los hablantes y no los académicos quienes deciden qué es correcto y qué no. Y están totalmente en lo cierto. La Academia recoge los usos más frecuentes, y acepta otros progresivamente. Lo mismo ocurre con el diccionario, con mayor o menor tino, y con la ortografía. Para los vecinos de Hispanoamérica (que, por cierto, superan a los españoles en número de hablantes por mucho, no nos olvidemos nunca), la “y griega” fue siempre “ye”, pero nadie va a señalar a nadie con el dedo porque siga llamándola “y griega” en contra de la recomendación de la Academia.

También se dice que si hubiera habido una RAE en tiempos de César, seguiríamos hablando latín. Pues mire usted, sí, pero en tiempos de César no existían los medios de comunicación que tenemos hoy. Y es importante que haya un español normativo considerado correcto al que podamos seguir, justo lo que nos permite entender textos de otros hispanohablantes.

¿Os imagináis que en cada país se escribiera un español diferente? No sería español sino peruano, colombiano, argentino, uruguayo, que ya tienen identidad en sus respectivos territorios en la lengua oral. Y aunque más o menos serían lo mismo (como serían parecidos en su momento el español y el francés), en la lengua estándar no nos podríamos entender. Y aquí se trata de lengua estándar.

Entendamos un poco en qué consiste la función de la Academia antes de echarnos al cuello para criticarla. En la mayoría de casos, sus recomendaciones (que, insisto, no son más que eso: recomendaciones, consejos) tienen muchísima lógica, los académicos (que algo deben conocer del idioma) no van a proponer algo a tontas y a locas, aunque dé la impresión de que tengan que sacar libros cada año. Recomienda expresiones, recoge palabras comunes y da razones para sus propuestas de ortografía. Se pueden seguir o no, depende de lo correcto que se quiera ser con respecto a la norma.

A mis padres les enseñaron que había dos letras llamadas che y elle, que para mí son grafías dobles, y aquí no ha pasado nada. Si a ti te enseñaron a tildar solo, pues tíldalo, que tampoco pasa nada. Yo siempre he sido muy puritano en temas del lenguaje (me mata que en el ámbito tecnológico se empleen a diestro y siniestro términos en inglés o esperpentos como “remover” en vez de “borrar”, entre otros), y estoy empezando a no tildarlo. Porque las razones que me dan para ello me parecen lógicas y porque trabajo con ese constructo llamado lengua española estándar, y ahí la RAE manda.

En resumen, la Academia recomienda, recoge usos para la lengua estándar, es descriptiva y no prescriptiva. Si se quiere ser correcto respecto a la norma, mejor seguir sus recomendaciones, y si no pues tampoco pasa nada, siempre que se mantengan unos mínimos para que todos nos podamos entender. Que el español es una lengua muy bonita y permite unir a mucha gente como para andar clamando al cielo con cada modificación que se proponga.

Posiblemente algún colega hispanista o lingüista me mate por la forma de expresarme en esta entrada, pero creo no haber escrito ningún disparate y espero que el mensaje haya quedado claro.

4 opiniones en “En defensa de la RAE”

  1. Intento seguir las recomendaciones de la RAE, aunque por ejemplo con el solo/sólo he de reconocer que me cuesta. Uno de los problemas es que somos muy “pueblerinos” y bastante cabezotas y a los de este lado del charco, como muy bien dices en el artículo, nos parece que lo que usamos nosotros, aunque seamos menos, es lo que está bien.

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